Estado de alarma. Quinto día
Oh alegría presa y sometida, olvidada por la tristura del tiempo y los peregrinos de la sombra; no cabizbaja: hundida y abismada, sumergida en cinco días de polvo bajo marzo. Sacúdete el amianto de los fémures, desinfecta la decepción de las paredes con la risa del sol que atraviesa los cristales empañados; mira los balcones abiertos donde la gente se saluda con las manos. Oh alegría, amanece por oriente una vacuna de esperanza. Aún no han cerrado los andenes y circulan todavía los vagones de la vida.






