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Mostrando entradas de marzo, 2016
Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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Último libro

Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

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Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

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No creas

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NO CREAS A N... No creas que así escaparás, en el silencio de tu gesto, por muy despacio que pronuncies la palabra impronunciable y crezca su acento como una semilla que te acerca al mar, al hogar de la voz que dice amén en el rincón de las contadoras, lejos ya del jardín de tu calle, en la ciudad bajo la lluvia, donde las aves te llevan de la mano hacia el cuerpo vacío de las horas. ¿Quién me llama? Serás tú, tu otredad de abandono que nunca está, que navega hacia otro mar, hacia el dolor y la deuda que el tiempo tiene contraída con nosotros. Ah, presencia presentida. En la tarde de invierno, tú, vestida de inocencia, huida sobre un puñado de tierra mojada, como la lluvia sobre el mar. Tú, amiga del bronce vivo de los versos, del diezmo y la behetría cerrada de los sueños. Solo tú, con un libro de oraciones cantando una oda a María Magdalena. Aquí estoy.  Espero paciente, mas tarda el ángel. Mientras tanto, escribo. Escribo sonetos de otro amor, cuatro sonetos ...

Plaza sin nadie

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Plaza sin nadie El sol, como una plaza amarilla todavía sin nadie, te convoca este domingo sobre la vieja ciudad dormida. Sopla el viento ligero su flauta de murmullos, su voz de carnaval en la colina, mientras el filo de la calle te perfuma la garganta y las dudas de la bruma se descalzan y transitan. No. No se hicieron los estratos y los nimbos, la espuma de cerveza de las nubes, para aspirar sus aureolas sin parar y sin sentido, borracho de azul, tropezando soñoliento con la nata del cielo. Todo. Todo es brizna de anaquel, partícula de muchacha, habitación de la casa. Todo fragancia curiosa de palabra y principio de libro. No debes, no puedes detenerte bajo los aleros parlantes y rotundos de la muchedumbre desierta. Recuerda. Recuerda la abundancia del camino acostado sobre junio, las caderas dulcísimas de los versos sueltos y las mañanas erguidas en el corazón. Nadie. Nadie pregunta el nombre de la hierba o de la hormiga, por qué las piedras dejan caer su tern...

Campo de batalla

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Campo de batalla Los héroes abatidos por el rayo letal de la violencia, con el pelo tímido y el aliento insípido horadado por el tiempo, yacen asesinados en batallas oscuras y salvajes, los uniformes carcomidos por los tambores de la memoria quebrantada.  Sobre la hierba, llueven los sombreros vacíos arrancados de los cráneos, los botones dorados que embellecen aún las casacas desvaídas, las franelas amadas por el deseo mañanero del plomo y del acero, místicos hambrientos de la carne y de la humanidad desvalida y sin huesos.  Mañana será la tristeza del granito, la eternidad siniestra de la estela, la glosa encendida y fugaz de los nombres sonoros, la ceniza de los apagados cuerpos indecibles, la lectura de las páginas de piedra deshabitadas de órganos y de gente, el manjar de los pececillos de plata y las polillas.  Qué sombríos los recodos sombríos de la tierra, qué callados los pozos insondables del terror, las pacíficas tumbas de la sal de la...

Tu cuerpo

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Tu cuerpo Tu cuerpo, como un túnel de pájaros, sacude su venganza lenta, su invasión indecisa, mientras cae la llama del crepúsculo fecunda y bautizada, heredera pálida del amanecer transparente.  Tu cuerpo se quiebra solitario huyendo del silencio sin espuma, de los besos de hojarasca, combatido por un olor a cascabel oscuro y gaviotas doloridas.  Tu cuerpo, enredadera de otoño, torcido como brasas de la sed y hogueras de jacintos, sentado en el espanto sombrío de las estrellas ausentes.  Tu cuerpo, amarra, sin embargo, de caracolas de miel y nocturnas mariposas; agua de viento y abeja repentina, pez de ventanas abiertas y poniente del mundo.  Tu cuerpo, como una moneda de la tarde borrándose bajo el cielo.

Faltan horas

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Faltan horas Hora como el tiempo obstinada, naufragio de piloto y muralla de pájaros terribles, agua llameante de escombros acogida por los besos y las manos doradas que amaron la alegría del abrazo. Hora dormida a tus pies y a tu cintura, agua pequeña y dulce amarrada a tu nombre, calle de cristal donde desembocan los ríos sedientos y la arena del invierno.  Faltan horas, faltan himnos de dulzura fundiéndose en tu pecho sobre la tierra, faltan las torres del relámpago sin rostro, el humo de la primavera sobre el trigo.  Faltan trenes con alas y escaleras que nos lleven al pan y a las olas sonoras de la risa, que nos libren del torpe nácar negro y morado en la isla del sueño malo.  Faltan horas, faltan trenes, faltan pájaros.  Falta la sombra y el caballo por el mar contigo y con la lluvia, frente al viento sumergido de sombras, con la piedra de plata y la miel del camino.  Falta el sueño de la alondra y de nosotros, falta la p...

Los árboles neuronales

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Los árboles neuronales Foto: Eugenio Fabios Castro. "Los árboles neuronales". Entrada Castillo de Edimburgo (Escocia) Sobre altos promontorios crecidos con la lluvia de los sueños, sobre gargantas de tierra húmeda, alimento infinito de las dunas, cada noche brotan flores perfectas de arena en los desiertos perdidos de la infancia. Sonámbulos sobre un cielo de zarzamoras y estatuas, nuestras estrellas de fruta y de mármol adornan las cumbres plateadas con milagros y banderas, arman ejércitos que desfilan bajo almenas y saeteras, junto al castillo derruido de nuestros ojos cerrados. No hay lógica en este siglo o minuto inacabable de almohadas. De niños fuimos rana de príncipe o Perico sin miedo, hormiga sanguinaria o cigarra de canción, guisante en un colchón o enredadera grande, caldero de druida o garbanzo en la barriga del buey.   O todo ello al mismo tiempo. Desde entonces, nunca podremos ser incrédulos, no dejaremos de abrir el diccionario para que huyan...

Biografía de Juan de Ariza (Motril, 1816- La Habana, 1876)

Obras de Juan de Ariza. Clasificación genérica

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Texto extraído del volumen Poesías líricas y otros poemas de Juan de Ariza (Barcelona, 2016) [1]. Para clasificar las obras literarias de Juan de Ariza, hemos tenido en cuenta diferentes criterios: semánticos, sintácticos, formales… A lo largo de la historia se han sucedido diferentes clasificaciones y sabemos que en muchas ocasiones no se puede determinar la categorización de las obras en función de un solo criterio o de un criterio común. La datación que ofrecemos de las obras coincide con la fecha de la primera edición. POESÍA POESÍA LÍRICA POEMAS AMOROSOS «A… Trovas (1842)». «A… Soneto (1845)». «En un álbum» (1845). «En el Álbum de la Srta. Doña Carmen Estrella» (1877). POEMAS RELIGIOSOS «Soneto» (1846). «Plegaria» (1846). «Meditación» (1877). POEMAS INTIMISTAS Reflexivos : «Ayer y hoy» (1845). «A la primavera» (1846). «La paloma» (1849). «Treinta y dos años» (1849). «Luz y sombras»...