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Mostrando entradas de septiembre, 2023
Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

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Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

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LA RUTINA DE UN FABRICANTE DE VELAS

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En una tranquila aldea, entre colinas olvidadas por el tiempo, habitaba Anselmo, fabricante de velas. Era un hombre modesto, conocido por todos, a pesar de que llevaba una vida monótona y solitaria. Su trabajo le proporcionaba una rutina apacible que raramente era interrumpida por acontecimientos sorpresivos. Un día, mientras Anselmo caminaba por el sendero que conducía al mercado, halló un pájaro herido. Era una criatura de plumas multicolores y ojos luminosos que lo miraban con un brillo peculiar. En contra de sus costumbres, algo impulsó a Anselmo a cambiar de planes y llevó al ave a su humilde morada. Con manos delicadas y paciencia inusual, cuidó del pájaro, lo alimentó y curó sus heridas. Los días se deslizaron uno tras otro. Cada amanecer traía un tácito acuerdo entre el hombre y el ave, una camaradería silenciosa que llenaba el pequeño mundo de Anselmo de una dicha sutil. Una mañana fría, mientras el sol desplegaba sus primeros rayos, el pájaro, ya recuperado, revoloteó alreded...

EN EL PONIENTE EL ASTRO REY SE ESCONDE

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En el poniente, el astro rey se esconde, y el gnomon de las sombras se despliega; apunta hacia el oriente, al alba ciega, e imagina otro cuándo y otro dónde. El crepúsculo exhausto no responde a las preguntas que la luz congrega, y este sopor que el horizonte anega propicia que la tarde se desfonde. ¿Qué evidencian las sombras, sino el paso del tiempo que camina sin retraso en su ciclo de epílogo y prefacio? Las siluetas se alargan muy despacio; un nuevo albor de claridad y espacio esperan encontrar tras el ocaso.

EL PEZ Y EL RÍO

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Tras el salto del pez, el agua recupera la calma; pero el río ya no es el mismo.

LADRÓN

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Bajo la luna, la plaza brillaba en silencio. Miré la fuente, serena, esperando una moneda.   Despacio, radiante y llena, apareció en el fondo, redonda y forjada en  plata.   Sumergí la mano en la taza. El agua burbujeaba. Extraje por fin la pieza y me la llevé a casa.   La plaza quedó en silencio, sin luna y abandonada.

NO CAMBIA EL MUNDO MIENTRAS LEES O ESCRIBES

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No cambia el mundo mientras lees o escribes, mas no expande en el alma su inquietud; cada palabra tañe su laúd, y en el papel resuena y la percibes. La pluma se abastece en sus aljibes, aunque el orbe no altera su virtud; mas cada trazo muda tu actitud, y en el cuaderno, un nuevo acento exhibes. Cuando lees, en ti otra voz anida, el pensar se transforma en claro espejo, demuestra el ser su auténtica medida. Y aunque afuera el mundo sigue viejo, conviertes cada letra en larga vida, y el universo entero en un reflejo.

EN UNA CRISTALERÍA

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En una cristalería, una niña preguntó a su madre:  ―Si cada espejo muestra un reflejo diferente de la realidad, ¿cuál es el verdadero? La madre, confundida, meditó un minuto y respondió:  ―Cada uno, hija, pero ninguno por completo. En el mundo de los reflejos la verdad se disfraza, pero nunca se oculta.

BALDOMERO Y TRISTÁN

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El señor Baldomero, solterón empedernido, poseía un gato llamado Tristán, criatura de magnífico pelaje azabache y actitud reservada. Tristán era rey de los tejados, sibarita del atún y maestro en el arte de la pereza. Una tarde,  durante una siesta común, Baldomero despertó con un fuerte deseo de acicalarse con su lengua. Alarmado, se negó a seguir el impulso, mientras advertía que el felino se enroscaba en el sofá y le observaba con los ojos llenos de preguntas. Al día siguiente, sin embargo, optó por saltar al alféizar de la ventana, atraído por un pájaro juguetón. Las semanas transcurrían y la transformación se acrecentaba. Baldomero ronroneaba al recibir visitas y pasaba horas observando un punto fijo en la pared, como hipnotizado por la invisible danza de un insecto fantasma. La fascinación por cajas vacías era un capricho particularmente inesperado. Sin embargo, a pesar de las bromas y preocupaciones de sus amigos, aquel singular comportamiento solo le parecía más natural y c...

CON MIS RECUERDOS ABRO LA CANCELA

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Con mis recuerdos abro la cancela, buscando en el pasado algún consuelo; de la fuente en el patio siento anhelo de escuchar otra vez la cantinela. El sonido del agua es centinela que guarda la memoria del subsuelo, espejo que refleja el huido cielo, azul paraguas de la vieja escuela. Cada gota atesora los instantes, los pasos de la infancia que se esconde, la vida que en el patio hace su ronda. La cancela rechina bronca y honda, la fuente al corazón le habla igual que antes; en el silencio, el agua nos responde.

ANTES Y AHORA

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De joven era muy inseguro. Ahora no lo sé.

EL ZORRO Y LA SERPIENTE

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El zorro, al amparo del ocaso, entretejía sombras con su andar sigiloso. Preguntó a la serpiente, cuya lengua doble conocía de equilibrios:    ―¿Cómo podría yo, libre y ligero, existir sin delatar mis andanzas a los ojos que acechan desde la penumbra? La serpiente, enroscándose en la pregunta, respondió:     ―Oh, zorro astuto, el mundo es un prisma de incontables facetas. La cuestión reside en moverse en armonía con la naturaleza, donde cada ser es tanto observador como observado. La transparencia es el refugio donde la verdad se presenta desnuda y sin temor a la mirada ajena. Ser visible no es debilidad, sino afirmación del existir, un equilibrio perfecto entre el mostrar y el ocultar, donde cada paso, resonante y firme, es una declaración de honestidad ante el universo y ante uno mismo.

EL ESCULPIDOR DE SUEÑOS

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En una pequeña buhardilla vivía Ewald, un mediocre esculpidor de sueños. Cada día lo dedicaba a tallar las fantasías de otros. Un crepúsculo, mientras la luna esculpía sombras caprichosas en su habitación, Ewald se topó con una idea inusual: ¿Y si moldeara sus propios sueños? Al cerrar los ojos, su mente ideó un extravagante paraje donde los árboles llevaban sombreros y los ríos fluían hacia arriba. Sin demora, se puso manos a la obra. Con cada golpe del martillo, fragmentos de realidad se desprendían, dejando espacio a lo insólito. Finalmente, la obra estuvo completa. Pero ocurrió lo inesperado: la escultura cobró vida, desdibujando los límites entre lo tangible y lo onírico. Ewald saltó dentro de su creación y se halló vagando en su invención, encontrando amistad en un conejo filósofo y amor en una flor parlante. Sin embargo, la confusión se adueñó del pobre escultor. ¿Era acaso posible regresar a la realidad, o estaba atrapado en su ensoñación absurda? Intentó esculpir una salida, p...

SOBRE LA ESPALDA HELADA

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Sobre la espalda helada la aurora se derrama y teje escalofríos con hilos de agua pura; el lienzo de la piel recibe con bravura la lluvia que la envuelve en su  álgido pijama. Las perlas que se caen difunden la proclama, y corren por la calle en ríos de premura; el gris de la mañana prepara la conjura, el rito que la vida y el tiempo nos reclama. La tinta de las nubes escribe en cada esquina, con letras transparentes, historias sin final; las charcas son cristales de un mundo sideral, en donde el cielo guarda los sueños que imagina. Así, bajo el murmullo de lluvia persistente el agua rompe espejos, sonora e inclemente.

EL REFLEJO Y LA LUZ

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El espejo cuestionó al sol: «¿Qué sería de tu luz si no tuviera en qué reflejarse?». El sol, con un destello, replicó: «¿Y qué sería de tu reflejo si no existiera luz para revelarlo?».

ENTRE PIRUETAS Y PLEGARIAS

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En la plácida, pequeña y adormecida aldea de Klinkov, donde cada amanecer se esfumaba en la bruma del olvido, una tarde se congregaban los lugareños en la antigua iglesia de San Demetrio para la misa de difuntos de un respetable ciudadano, Iván Malinovski; un hombre que en vida había sido más apacible que un lago en calma. El murmullo sordo de las conversaciones cesó cuando el anciano sacerdote, que poseía una sutil habilidad para desnudar las virtudes de los muertos, comenzó la ceremonia. Era él, quien con su bendecida voz, evocaba entre los vivos los nobles espíritus de los fallecidos. El frío mármol de la iglesia parecía susurrar las alabanzas del cura que reverberaban entre las viejas paredes de piedra. El silencio era tal, que hasta las gotas de la fuerte lluvia que caía afuera parecían detenerse en el aire antes de besar el suelo. Apenas comenzó a sonar el primer himno entre las sombras bonancibles, la puerta de la iglesia se abrió con un chirrido, dejando ver la silueta confusa ...

EN EL MUDO RINCÓN DE LA MADERA

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En el mudo rincón de la madera, formas extrañas hablan sin cesar, acendrada elegancia de un lugar donde la savia en vetas se venera. Antiguo armario, en tu piel austera el tiempo halló esos trazos por tallar, que revelan la rara y singular discusión entre el hacha y la noguera. Mas, ¡oh sabia natura!, en tu figura, el burdo pensamiento configura lo efímero y lo eterno en voz callada. Perfiles cuya insólita estructura, nos enseña que el azar, en su diablura, graba en nosotros vida revelada.

INCONTABLES ENIGMAS

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Sobre las aguas tranquilas de una charca, el filósofo vio reflejado su rostro, en una multitud de rostros desconocidos, cada uno con una expresión única de entendimiento y desconcierto. Sin apartar su mirada de la charca, murmuró: «Busco el espejo que refleja el rostro del enigma, mas sólo encuentro el eco de incontables enigmas en un espejo».

FAELIS

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En tierras galas, donde las montañas tocan el cielo y los ríos susurran leyendas, los aldeanos adoraban la danza enigmática de las aves. Estas criaturas, cuyas alas relucían al sol, tenían una historia que unía a los aldeanos de Trescolinas con su misterioso mundo. Marcel, un joven pastor, compartía un vínculo particular con un ave fenix, Faelis, que se distinguía por su plumaje azul y flamas doradas. Cada atardecer, mientras Marcel tocaba su flauta, Faelis danzaba en el aire, imitando el vuelo de cualquier pájaro. Esta alianza entre humano y ave era vista por los lugareños como un signo de buena fortuna. El bardo anciano de la aldea, Elouan, solía relatar cómo, en tiempos antiguos, un antepasado de Marcel había salvado a Faelis de cazadores despiadados. Desde entonces, una promesa silenciosa unía a las generaciones de Marcel con el ave fenix. En retribución, Faelis ofrecía plumas doradas cada luna nueva, que Marcel vendía en la feria, asegurando su sustento y el de su familia. Sin emb...

EN EL OCASO MÁGICO Y SERENO

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En el ocaso mágico y sereno, el gnomon de las sombras se despliega; un juego de siluetas se congrega, y apunta a oriente, renacido y pleno. Las figuras se arrastran por el seno de la calle tranquila y solariega; msnrcillas de la tarde veraniega, reloj de sol naranja y carilleno. Mas la marcha del astro silenciosa una última enseñanza nos revela: todo marcha hacia un fin solo aparente. La aguja de las horas no reposa y su eterna pregunta surca y riela en el ciclo solar, impenitente.

PATRONES

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Hay quien ve patrones en las galaxias, pero nuestra tarea consiste menos en interpretar su curso, que en comprender las leyes que rigen más allá de la propia voluntad de las estrellas.

LAS LIBÉLULAS CARMESÍ

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Las colinas de Nyrian eran hogar de las míticas libélulas carmesí, criaturas admiradas en toda la región. Resplandecían con un tono rubí y al volar, el cielo se iluminaba con destellos luminiscentes. En el pequeño reino de Lunaris, se creía que estas libélulas eran la reencarnación de antiguos sabios y por ello, eran protegidas con gran devoción. Vivían en un oasis, rodeadas de flores centelleantes y bañadas por aguas púrpuras. Una libélula, llamada Caela, sobresalía por por su belleza y por sus reflexiones filosóficas. Un día, un joven guardián de Lunaris, Lior, se acercó al oasis, y observó con veneración: —Caela, ¿alguna vez te has preguntado por qué te consideramos un ser divino? —preguntó Lior con cautela. La libélula se posó sobre una hoja flotante. —Honestamente, no lo sé. ¿Por qué otorgar tanta importancia a una simple criatura alada? Lior sonrió con timidez. —Porque es tradición creer que las almas de nuestros sabios, aquellos que han iluminado nuestra historia, encuentran r...

EN EL FERAZ VERGEL DE LA PALABRA

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En el feraz vergel de la palabra, yace la letra, huérfana, olvidada, cual fósil del pensar, casi sagrada, sin voz que la rescate y la reabra. Tal el haikú, en su breve abracadabra, letra muerta, si no es articulada, cautiva en el papel, abandonada, si su campo de versos nadie labra. ¿Qué es del verbo sin labios que lo alumbren?, ¿qué de ideas si mudas permanecen, sin voces que lo anuncien y lo encumbren? Pues requiere el discurso que las nombren, y al oírlas hablar, al alma asombren. Sin lector, las palabras no florecen.

ETERNIDAD E INSTANTE

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El precio de la eternidad es el mismo que el del instante: ambos son inalcanzables y, a la vez, ya son nuestros.

LILA

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En el jardín abandonado, se sentía una sola presencia, Lila. Era Lila el murmullo de las hojas otoñales, el traqueteo lejano de un tren y el crujir del pan al romperse. Aunque hoy, en el silencio que precede al amanecer, Lila se convertía en un hueco imposible de llenar. Al abrir los ojos, Alberto notaba el vacío. La almohada ya no guardaba el calor de Lila. Las cortinas ya no parecían bailar con la melodía que tarareaba mientras planchaba. El olor del café no traía la sonrisa de Lila ni el gato se revolcaba entre las sombras de su risa. La ausencia era una tela espesa que cubría las habitaciones. Ahí estaba el reloj marcando las horas con una precisión cruel. El tiempo no esperaba a Lila. Con cada tic-tac, Alberto percibía como si un hilo invisible lo atara al minuto pasado, a la última vez que Lila le dijo adiós. Porque ahora, las palabras de Lila eran fantasmas que lo visitaban en los lugares más inesperados, en el roce del viento, en el lamento lejano de un violín. Se levantó. El e...

EN LA MESILLA YACE UN MUNDO ESQUIVO

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En la mesilla yace un mundo esquivo, donde el tiempo se trenza y se desplaza. Las manillas renuevan la amenaza de borrar el futuro sin motivo. Cruel reloj donde el ser está cautivo, y al ausente mañana nunca abraza; en su esfera, al presente solo alcanza, y el porvenir se torna fugitivo. En cada tic-tac late el infinito, marcando sin cesar nuestra partida; espejismo de la hora ya perdida, que en su lenta rutina dicta el rito. Esperanza que en cada instante aflora, puntual esencia del eterno ahora.

PUENTES

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Los ingenieros no levantan puentes sin retorno, ni abren caminos solo de ida.

AL SALIR DEL BAR

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Al salir del Ramblero, descendió el escalón que le había conducido al interior del bar, donde su padre combatía antaño contra el paso del tiempo, moderadamente y en buena compañía, como él ahora.   Sin embargo, el tranco era más alto y la luz tenía otros reflejos. El anciano empezó a caminar por la calle Vílchez, vistiendo pantalones cortos. Sus pies eran más livianos y su corazón marchaba a un ritmo más alegre, casi olvidado. Las ventanas le devolvían el rostro ajeno y familiar de un niño de ocho años, cuyas fotos veía a veces en los álbumes de un presente que todavía no había llegado, como si el tiempo fuese un círculo trazado por alguna caprichosa geometría de la memoria. Los escaparates de la panadería La Moruna y la tienda de comestibles le guiñaron un ojo comprensivo. Sus pasos le llevaron a la modesta tienda, Tejidos Nuevos, de su padre. La pequeña campana tintineó al entrar, como celebrando un reencuentro, pero en ese instante cambiaron de nuevo los colores y texturas. Ya n...

POR UN CAMPO DE NUBES CRUZA EL DÍA

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Por un campo de nubes cruza el día su guirigay de aves, agudas lanzas, que exhalan jubilosas venturanzas, cual coro que a la altura desafía. Las alas, en holgada travesía, describen en el aire sus mudanzas; alejan y aproximan contradanzas en un cielo teñido en malva fría. Y en ese ir y venir sin fin preciso, el ser alado, con su vano aviso, indaga, vuelve y al final desiste. El universo, con punzante risa, revela solo a quien en él persiste: «todo es mudanza y cambio, todo es prisa».

LA RISA DEL IGNORANTE

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A veces, la risa del ignorante ilumina más que el silencio del sabio.

EL LAGO

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En un declive de los años, Lucía, cuyos hombros portaban el peso de un destino inevitable y cuyo espíritu parecía haber vertido toda su esperanza como quien derrama el último verso del último poema, se encontró ante la ribera de un singular lago. En busca de algún indicio de redención o tal vez, de una simple epifanía, inclinó su mirada hacia las aguas. No fue su semblante cansado lo que halló, sino una luminosa representación de sí: una Lucía que bailaba y reía, con ojos que guardaban el resplandor de incontables y vívidas imágenes. Ante tal revelación, un profundo estupor la envolvió. Se preguntó: «¿Acaso lo que veo es una ilusión o una verdad escondida? ¿Es posible que esa figura radiante sea un reflejo de aquella Lucía que en días pretéritos había creído en el arte y en pasiones que desafiaban el implacable transcurso del tiempo?». Movida por una fuerza que parecía emanar de sus propios huesos, decidió internarse en el lago. Aunque las aguas se presentaron frías al comienzo, pront...

EN LECHO DE SILENCIO Y DE REPOSO

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En lecho de silencio y de reposo, oh, siesta beatífica nos hallas; pensamientos recluidos en tus mallas renacen de un sopor hondo y hermoso. Reavivas el cuerpo vagaroso, el tiempo suspendido en tus murallas; te entregas a caricias y te explayas en el seno de un sueño caprichoso. Mas, ¿qué es el descansar sino un olvido, un dejar que la vida se nos vaya, una muerte chiquita, un bien perdido? Quién sabe si en la siesta el alma ensaya el arte de morir, bien recibido, en la arena dorada de una playa.

EL ABISMO JAMÁS PREGUNTA

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El abismo jamás pregunta por su profundidad, simplemente existe.

ENSUEÑOS Y QUIMERAS

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En un rincón del universo donde las horas intercambiaban su duración con los días, y donde los colores cambiaban con cada respiración, acontecía la vida de un pueblo singular, habitado por seres descendientes de quimeras y de ensueños. En el centro del pueblo se erguía una torre de pan, que cambiaba su composición, tornándose a ratos torre de oro, torre de viento o torre de sal . Era en esa tierra donde Baltasar, un hombre que sólo podía caminar hacia atrás, administraba la biblioteca más enigmática del mundo conocido. Un lugar donde los libros eran capaces de devorar conocimientos y las palabras saltaban de una página a otra, reescribiendo la realidad. Baltasar era feliz. Él entendía que en aquel mundo, lo existente no era más que una tinta que fluía y se transformaba sin cesar. Cerca de allí, vivía Esmeralda, una mujer que tejía destinos con hilos de arcoíris, a la luz de una luna que cada noche elegía un nuevo tono para iluminar el firmamento. En su telar, los deseos de los habitant...

EN EL CONFÍN DE RUTAS AGOTADAS

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En el confín de rutas agotadas, viejos zapatos dicen su lamento; cada surco en su piel, es un momento, un sueño de ilusiones arrugadas. Rotas suelas que guardan las jornadas, testimonios de un tiempo polvoriento, hallan descanso al fin, mas no es contento lo que muestran sus puntas agrietadas. La grava y el asfalto han desgastado en el camino duro su argumento, sintiendo en cada paso lo intentado. En pos de un porvenir siempre sediento, los mares y los montes han cruzado, y cuentan, pie a pie, su largo cuento.

ENTRE LAS SOMBRAS

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Entre las sombras, la luz jamás pide permiso para brillar.

EL PAN DE LA SABIDURÍA

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En la sala de los mil escaques, el maestro se inclinó con gravedad ante el joven prodigio. La multitud contenía el aliento mientras las piezas se movían sobre el tablero. Horas después, el joven se erguía, sus piezas aniquiladas, su rey arrinconado, su derrota total. A la sombra del ocaso, el maestro se le acercó. «Joven ajedrecista», comenzó, su voz vibrando en el crepúsculo, «hoy has perdido más que una simple partida. Pero dime, ¿qué has ganado?». El joven, su espíritu ardiente aún tras la colisión de mentes, respondió sin vacilar: «Nada, maestro. Solo conozco el sabor amargo de la derrota». El maestro sonrió, una curva sutil en la boca que encerraba tanto pena como alegría, y señaló el campo de batalla negro y blanco, donde las piezas yacían, algunas aún de pie, otras tumbadas, testimonios de una guerra de ingenios. «Muchacho», dijo con voz serena, «los victoriosos se embriagan con el vino de la gloria, pero los derrotados se nutren del pan de la sabiduría. En la forja de la advers...

EL ERROR

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El error es el maestro del ajedrecista.

CAÍSTEIS, CAMPANILLAS DELICADAS

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Caísteis, campanillas delicadas, al pavimento cruel de la avenida; sobreviviendo a la fatal caída, contra el dictado del cemento, alzadas. Sobre el gris hormigón amontonadas, donde la vida opima está prohibida y la feraz belleza contenida, no arraigaréis, afables y doradas. Así habla la razón, que no comprende ese jardín que en lo profundo anida y al desierto más árido sorprende. Con ironía fina y bien medida, la flor que en el asfalto mismo prende, nos habla de una vida en otra vida.

EN CADA CUADRO, UNA LECCIÓN

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En cada cuadro, una lección; bajo cada cetro, la sombra de un cadalso. El rey, en el tablero, no ignora las jugadas del más humilde peón. El alfil diagnostica, la torre dictamina; mas en el sutil avance del peón yace la verdad inmutable de este cosmos. ¿Quién, sino el peón, conoce el verdadero precio de alcanzar la otra orilla, transformándose a sí mismo en el proceso? En esta dialéctica de sombras y luz, la paradoja brota en el enroque, donde el monarca se guarece junto a su bastión más firme. ¿No es acaso el camino más seguro, muchas veces, el que se encuentra a un paso del desdén? Mas ahí está el maestro del tablero, sopesando en su mente jugadas y contrajugadas, ajeno a la victoria y al fracaso. Porque en el ocaso de esta lucha infinita, cuando cada pieza retorne al silente reposo de su origen, sólo permanecerá la eterna cuestión del ajedrez, donde cada encuentro es una sinfonía de posibilidades, cada jugada una encrucijada de universos. El tablero se convierte en un cosmos en sí m...

EL GATO QUE NO PERSIGUE SOMBRAS

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El gato que no persigue sombras despierta la curiosidad del sol.

EL SEÑOR FARSANTE

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El Señor Farsante, un hombre de avanzada edad con la sonrisa de un niño y ojos que destellaban caleidoscopios, gobernaba con puño suave y corazón más blando aún. Un día, mientras el Señor Farsante desayunaba una taza de risas recién cosechadas, llegó a sus oídos una queja de la ciudadanía: el reloj de la torre central había comenzado a marcar las horas con diferentes sabores. Las cinco de la tarde sabían a chocolate con menta, las dos de la mañana a fruta fresca de verano. Pronto, el campanario se convirtió en el lugar más visitado de la villa, con personas lamiendo el aire con deleite a cada cambio de hora. Esta divertida anomalía se resolvía cada mañana y regresaba cada tarde, y fue aceptada como otra peculiaridad encantadora del lugar. Pero el asunto no se detuvo ahí; los árboles comenzaron a caminar perezosamente por las calles, creando cada día paisajes nuevos y cambiantes. Las casas, no quisieron quedarse atrás e iniciaron un concurso diario de cambios de fachadas, ofreciendo cad...

RETORNO DEL ESTÍO

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En la urdimbre de Cronos, el estío prometió regresar pasado un año; mas las noches aumentan de tamaño, y la espera se torna invierno frío . «Vendré por junio», pronunció con brío, mientras el sol se daba el postrer baño; mas el tiempo se alarga, y yo lo extraño, pues desde antaño es buen amigo mío. Oh, cóncava ironía del destino que en giros sempiternos ha tramado la órbita del estío en que declino. Vuelve, ¡oh Sol!, con tu fuego redimido, que aguardo en el confín determinado el retorno de junio, que no olvido.

EN EL SILENCIO DEL ABISMO

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En el silencio del abismo, no hay eco que distinga a reyes de mendigos.

EL SEÑOR COMINO Y LA PLAZA DE LAS BERENJENAS

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En una plaza inusual donde los bancos tenían forma de berenjenas y las lámparas eran zanahorias gigantes que emitían una luz anaranjada, el señor Comino paseaba sus seis perros invisibles, cada uno con su propio temperamento y color imperceptible. Las palomas, elevadas a la categoría de consejeras municipales, decidían los asuntos del barrio con graznidos solemnes. Los árboles, en vez de dar sombra, emitían un brillo suave y cambiante que alegraba los corazones de los que paseaban bajo sus ramas melodiosas. El señor Comino, conocido por su afición a coleccionar sombras de objetos inexistentes, era el alcalde de esa peculiar ciudad. Llevaba un sombrero en forma de zapato y unos zapatos en forma de sombrero, que le conferían una dignidad desproporcionada y absurda. Un día, el señor Comino convocó a una asamblea para discutir el nuevo monumento que se erigiría en el centro de la plaza: un colosal paraguas invertido del que lloverían mariposas todos los días a las tres en punto de la tard...

DULCEAMARGA INFUSIÓN

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Dulceamarga infusión en cristal puro, líquido insomne, tintineo vivo, gélido abrazo en su prisión cautivo, náufragos cúbicos en mar oscuro. Transparente crisol y frágil muro, donde el café con hielo es compasivo, pócima en que sumerjo lo que escribo, mientras urde la mente su conjuro. La cucharilla es cómplice silente del ciclo inmóvil que la boca espera, ironía de frío que se siente. Elixir que en los labios se sincera, que anida en la garganta cual serpiente, y en un trago se esfuma y se libera.

EL ARROYO Y LA ROCA

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El arroyo confiesa a la inmutable roca: «En mi fluir constante, percibo la ilusión de la eternidad». La roca, con paciencia erosionada por milenios, responde: «Y yo, en mi quietud, contemplo la paradoja de lo transitorio».

PEQUEÑO GRILLO

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«Pequeño grillo», pregunta un anciano árbol al más joven de los insectos, «¿qué sentido tiene correr si cada salto te aleja más de tu destino?». El grillo, embelesado pero no temeroso, responde con el silencio, su respuesta más elocuente. En la pausa que siguió, el cosmos completo se pronunció, proclamando con voz resonante la no necesidad de definiciones. Así, en el diálogo entre seres ancestrales y presencias diminutas, el firmamento reveló, con ironía y sabiduría, que la percepción más profunda de la realidad viene dictada, no por ojos avizores ni oídos atentos, sino por el corazón quieto que todo lo abarca, y que en su silente contemplación, comprende que hasta los dioses más poderosos se encuentran a merced de un grillo que decide no saltar.

UNA BRIZNA DE HIERBA

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En el teatro de lo infinitesimal, hasta una brizna de hierba ensaya un monólogo profundo.

LUZ PROPIA

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En medio del océano azul, flotaba una singular alga. Un pez joven y curioso se acercó a preguntarle cómo había llegado a ser tan diferente y única. El alga sonrió con serenidad y respondió: «Nací en el caos de las profundidades, donde los rayos del sol jamás alcanzan. Pero no permití que la oscuridad moldeara mi ser. Aprendí a crear luz desde mi interior, a bailar con las corrientes frías y a reír con los destellos plateados de los peces fugaces». El pez quedó maravillado con su historia y preguntó: «¿Cómo puedo aprender a brillar como tú, a ser independiente de las circunstancias, a ser verdaderamente libre?». El alga reflexionó por un momento antes de responder: «No hay receta para ello. Pero puedo decirte que la libertad no es un destino, sino un camino que se forja en cada onda, en cada brizna de sal que acaricia tu piel. Busca la armonía no en el mundo, sino dentro de ti mismo. Sé el creador de tu propia luz, no un mero reflejo de las luces ajenas».

HALLARON EN VIAJAR SU COARTADA

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Hallaron en viajar su coartada, nuevos juglares en errante traje; su afán de movimiento es maquillaje del arte verdadero: mascarada. Redactan con la mano amaestrada una convencional guía de viaje, donde siempre es la ruta el personaje, y no el viajero y su especial mirada. El escritor, demiurgo de su esencia, con habilidad, arte y con prudencia, de sí mismo sublima su destreza. Pues la auténtica fuente de la musa es la palabra que el aedo usa para labrar con textos la belleza.

LA COARTADA DEL VIAJE

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La coartada del viaje, y, en general, del movimiento perpetuo o la experiencia vivida, constituyen el disfraz con el que se visten los malos escritores para justificar la pobreza de sus textos. El arte de contar la vida, o cualquier otro arte, consiste en un juego que se nutre de toda experiencia vivida, pero no es la vida misma, y su desempeño depende fundamentalmente de la destreza demiúrgica de sus jugadores o hacedores, los poetas.