CON SESENTA Y CUATRO ESCAQUES
por distraer al brahmán y que su ingenio probara.
―Es un cosmos reducido en que el destino no ampara
ni a los peones humildes ni al rey con su gloria y fuero.
―¿Qué pides por este juego, flor y fruto de la mente,
proeza digna de un genio que deleita y maravilla?
―Un grano de trigo solo por la primera casilla,
dos granos por la segunda y así sucesivamente.
Al calcular, ve el monarca la suma inconmensurable,
que a las arcas del imperio le resulta inalcanzable.
―Me has enseñado ―musita― la incontable vanidad,
pues la finitud mortal no abraza la infinidad.
Sobrevive el ajedrez a la peripecia humana;
la victoria en este juego no tiene precio, se gana.







