EL MENDIGO Y EL REY
El mendigo, por su parte, tomó el cetro y comenzó a caminar por el mundo; observaba la creación con ojos renovados, ya sin el peso de la nada en sus manos. Su trayectoria marcada por una ligereza inédita, una libertad inabarcable, lo llevó a descubrir el verdadero valor del poder: la oportunidad de servir conscientemente a todos los seres, de donar sin límites ni restricciones.
Así, el mendigo y el rey intercambiaron sus roles. Cada uno aprendió a abrazar las infinitas facetas del otro, a través de un trueque silencioso que desafiaba la lógica de la materia y del ego, del vacío y la plenitud, donde todo se transforma y nada permanece, donde todo es posible y nada se pierde.







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