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Mostrando entradas de enero, 2009
Motril (Granada), 1958
Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).
Último libro
El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025
El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.
Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).
Algunos libros
Migas de luzPoesía reunida, 1979-2020
NoctámbulosSonetos
Historias de lo cotidiano y lo inesperado IICuentos
PekoreaHaikus y haikudillas
EspejismosCuentos escogidos
Poesías líricas de Juan de ArizaEdición y estudio
Las 34 obras, con dónde conseguirlas →
Premios recientes
- 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
- 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
- 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
- 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)
TACA DE LA LLUVIA Si cae la dócil lluvia lenta y fría, así dormida en verdes sauces, blanca. Si de estas nubes arduas, casi ausentes, el agua fluye igual que urgente savia. Si el sauce de aéreas hojas yertas duerme, perenne sauce, inmóvil junto al agua. Si el pino cose blandas gotas de hilo, hilvana perlas, sal, rocío que sangra. Si alisio en giro voy y armado vengo de fieles vientos, traigo negra escarcha... Será por ti, mujer oscura, bruna ventisca ardida, piel de suave nácar. Será por ti, dorada brisa límite del río, amor henchido en agrias playas. Vilano alado, surco en este otoño sobre un ligero invierno ralo en garzas. Recuerdo sólo el nombre tuyo inscrito como una herida abierta en esta acacia. Paseo en jardines secos un insólito dolor, colgante harapo que izo en mi alma. Como un jirón, mi pecho ondea en el aire vencido inútilmente en esta llaga. Seré, aunque no lo quiera, otro o nadie. Mas tú serás igual a ti, mi amad...
Taca hermana
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TACA HERMANA TACA HERMANA Desde esa noche acaso el tiempo habite la tregua de un café, azul y mansa. Acaso yo, desde ese día, sepa en qué taller el hombre en verso fragua; por qué despliega el faro su ojo al mar: cometa ámbar, triste luz mojada; por qué la tarde gris, salobre tarde, pilota en un bajel su errante magia; en qué remoto sol impregnas, dulce, el viejo océano de horas lentas, pardas. Quizá de nada sirva aquella lluvia y sólo yo sentí la piel bañada. Sabemos qué lejanos somos todos, intenso adiós, dolor que ya es distancia. Tal vez el mar, como una ofrenda envuelta en nubes, traiga en flor su sangre clara. Acaso el agua escriba largas odas que editen frescas estos cielos malvas. Quizá de nuevo el viento lea mis versos; cincele en roca líneas, grecas, mapas; modele el fondo de esta alberca añil sumido en un sabor de astral melaza; descorra el lienzo opaco; asperja gotas; ahogado tiemble en una cruel borrasca. Acaso el viento ya se agita y c...
Del tiempo
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DEL TIEMPO Y sé que el tiempo pasa y no me importa: deseo la vida ancha en vez de larga; montar la brisa, el viento agreste y libre, bajar trotando en un corcel de auras. Deseo sentir la sangre vena a vena, medir el amplio arco de una plaza; poblar el ojo solo de un desierto, trepar la arista de una voz humana; rehuir angostas calles, largos túneles, pasillos lentos, densas horas vagas... Por eso siempre llego tarde a fiestas que nunca fui invitado y más nostalgia. Sentado junto a mí intento hallarme buscando en un silencio frío de estatuas. Y sé que estáis aquí, llamando todos, al borde de esta ausencia fiel de larvas. Mas hoy deseo bajar mi voz al suelo, atar zapatos a estas rosas blancas; beber poesía igual que vino amargo, subir arterias rotas, mías, que rampan. Con eso estoy conmigo ileso y pleno, con eso alquilo una muerte falsa; y en paz me dejan un instante eterno, sumido en un pesar de ocultas ramas. Procuro no perder la vida inútil- mente, cont...
Palabra
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PALABRA "Murió en mitad de un verso" Gerardo Diego. Palabra: hermosa, extraña y blanca taca que escancias agua viva y tinta negra. Candente signo que arde en estas hojas, después de haber prendido en una Idea, y nada más se deja en mí cenizas, escombros y humo, sed, borrosas letras. Palabra: errante, azul y negro pájaro de ciegos ojos y alas aún perplejas; vencejo que alza al sol la oscura frente y luego lleva al mar su luz que vuela; lejano brillo de un deseo nómada, que al fondo irradia en un fulgor sus perlas. ¿De qué verdad escapas tú, palabra? ¿De qué dolor brutal?, ¿de qué ballesta? Que yo jamás llegar a ti he sabido, huyendo, igual que el ciervo, de esas flechas; buscando alguna senda en este bosque; ansiando no verdad, sino una puerta. Quizá te siga siempre inútilmente, mujer-palabra: sé que no me esperas; que tú te vas de aquí si yo me acerco; que sólo estás en mí si tú me sueñas, si se hace Carne el dulce Verbo tuyo, la voz que suena incierta en estas piedr...
El recetario
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Lauro y Antolina habían sido muy dichosos. Él, profesor de Biología a punto de jubilación en un instituto de secundaria y ella, licenciada en Bellas Artes y dueña de una modesta floristería que sólo daba tolerables deudas, habían vivido una vida muelle y metódica hasta la llegada del invierno. En diciembre, Lauro, tras las clases, seguía trabajando en el despacho y ella, después del zarandeo de la jornada y el trajín extenuante con las plantas más que con los escasos clientes, se encargaba de mantener a raya el desorden y la incuria, enemigos implacables y perpetuos del ama de casa. De repente, una triste tarde, por esas cosas de la vida, Antolina murió con el plumero en la mano, mientras limpiaba el polvo de una enorme damajuana decorada artesanalmente, herencia de su bisabuela. Lauro se encontró solo de golpe y sin saber otra cosa de la supervivencia cotidiana que lo que se decía en los libros de texto, que no era ni mucho ni demasiado explícito. Es verdad, impartía clases didáctic...
UNA ISLA CERCADA DE SUEÑO
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Bella Isla Durmiente rodeada de sueño, plaza tendida al sol por la que un toro bajó hasta el mar su agua entre las ramblas. !Cuánto poniente delimita el río, tú que a levante, tú que al norte sueñas con graves sierras y la sal al sur! ¿Por qué en tu espalda tiembla una lombriz soñolienta?, ¿por qué otra vez celebras unos días de viento enloquecido? Di si la primavera nos despierta con un alegre redoblar de cascos, si aún hay nieblas húmedas que en verano sobrevuelan la arena de tus playas. ¿Has visto la montaña de cemento en la alberca romana levantada, laberintos sinuosos con acequias, almenas árabes, fantasmas idos, silentes, que levitan sobre el Cerro? ¿Qué querrán las mezquitas nebulosas, iglesias, muros, puertas indecisas que junto a la ciudad vieja se abrazan?, ¿de qué ocaso las torres litorales, de dónde estos moriscos que regresan puntuales cada mil quinientos siete? ¿por cuál balcón de la memoria asoman epidemias, temblores de la tierra y la erección frecuente de conventos? ¿Y...
Taca de la sed
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TACA DE LA SED Y miro el agua pura de este vaso. Ningún deseo la enturbia, nada siente. Está llena de sí, vacía de tiempo, bañada en una luz de vidrios tenue. En esta piel, por un instante fresca, las horas no dibujan ya sus pliegues: inmergen dentro de un color inmóvil, arrojan a esta sed sus finas redes. Y veo que nada ocurre en estas mallas, que el agua omite aquí sus ondas leves; que nadie puede entrar si no es desnudo, si no aventura en esta paz su mente. Y sé que estoy varado en esta calma, que el mundo no me envía hoy lebreles; que todo ocurre ayer, pasa mañana. Que sólo estoy aquí si estoy ausente. Presiento en ti, materia y forma unidas, lanzando ya hacia mí sus claros seres. La blanca luz que encubre el arco iris, mojada en este vaso, da sus peces. El agua toma forma en esta copa, parece otra y es la misma siempre. Acaso el alma imite así a mi cuerpo, si el alma no es invento de otra fiebre. Estoy de pie, mirando acaso el agua; perdido en un co...
Taca de la tarde
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TACA DE LA TARDE Hacia esa tarde nuestra, casi ajena, perdida en hoscas plazas siempre iguales que vuelven otra vez sobre ellas mismas como este viento negro vuelve al aire, camino yo, camina lento el día, bajo una extraña sed de sombra y aves, por largos tubos de un metal cansado que arrastran ya su bronca piel, tenaces. El agua se ha escapado entre estas horas como un silencio escapa de una frase, como un deseo renuncia a ser cumplido, quebrando en seco una voz de alguien que no sabemos cómo unir -ni cuándo- al paso tan común de nuestra sangre; que se hunde en este asfalto extremo y ciego debajo de unas ramas ya sin árboles. Los ruidos, débilmente, quedan mudos hacia un verano que abre al sol ciudades, sobre ese tiempo incierto en una acera que vaga en un sopor de hirvientes parques, que no pregunta quién vació las horas en medio de este mar de luz sin nadie, ni quién dejó escapar de pronto el agua igual que un dios sin rumbo en estas calles. Y en tanto ...
Taca del Salón Dorado
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En árabe se llama "taq" (...) un "nicho o alacena, hueco o abertura en un muro". Ha dado en español "taca", y es mucho más empleado el diminutivo "taquilla";. (...) Las tacas árabes granadinas se hallan situadas sobre todo en el espesor de los gruesos muros o paredes maestras, precisamente donde en éstas se abren arcos de puertas que dan a un salón (...). Así ocurre, para la Alhambra, en el arco de acceso a la Sala de la Barca desde el Patio de Arrayanes; (...) y en el acceso al Salón del Generalife desde el Patio de la Acequia. Poemas árabes en los muros y fuentes de la Alhambra . Emilio García Gómez TACA DEL SALÓN DORADO (PARÁFRASIS IMAGINARIA) "Siempre decae aquello que culmina, que el placer de vivir no engañe al hombre". Abu-l-Baqa. ALHAMBRA, 1370 . Ventana ciega soy, sellado alféizar. Por cielo tengo el ala fiel del arco. Por suelo, alfombras de un cristal luciente. Por casa, el alma noble de un palaci...
Tacas del mar (I)
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TACAS DEL MAR I Entre ola y ola, el mar, barbado fauno, los labios versa de una joven bellos. Clepsidra plena, largo hervor de espumas, collar de sal que ciñe audaces pueblos. Igual que inundas tú la piel de Venus, rozar quisiera, mar, tus verdes dedos; serpear las hojas vivas de estas algas, sentir que trepa, ondea en tu insignia el viento. Tu olor corsario anuncia, Mare Nostrum, vidente mar augur de claros templos, veloces naos, ligeras velas púnicas, latinas proas, altos trirremes griegos. La media luna en son de guerra vino; cruzó veloz la mar, el breve estrecho. Alfanjes curvos trajo —fieras tropas — , que al fin trocaron paz por luz y versos. Vaivén del mar que lleva y trae a los hombres, columpio cruel que quita y pone imperios. El mar... Si dios, azar; si amor, engaño. En ti te lanzas, mar, reloj de péndulo, salado cofre, taca en ti dormida. La voz es tuya, mar: a ti la vuelvo.
Tacas del mar (II)
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II Tu flor azul se entreabre, mar de mayo, como una fuente clara de un sendero. Me acerco a ti, vitral, marino día, floresta de agua inquieta en que hundo el verso; y bebo la hora fresca de estas rosas, su aroma de ondas verdes y altos sueños. Avanza alegre el mar sus vastas crines, renglones, líneas de un antiguo texto que el aire escribe en un lenguaje propio dejando en esta orilla nata y cieno. De niño, mar, tal vez leí tus libros. Algún vocablo antiguo yo conservo, algún dormido eco absorto en conchas que igual que arena zapa entre estos dedos. Me hablabas, mar, y a veces yo te hablaba. Contabas un relato curvo, eterno; las mismas olas siempre y siempre otras. Sonora voz que viene y va en el tiempo. Mas ya desbrava el mar sus blancos potros, su red boreal que injuria al pez de anzuelos; al pez de plata, sílex de una estrella. Delfín, mi voz se va detrás del viento, surcando en busca de este mar que olvido, que juega solo...
Tacas del mar (III)
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III Acercas luego, mar, a mí, tu boca, tu boca roja, agosto, mar de fuego; vibrante ya de sol tu voz que suda, que al fondo riela en un temblor sin puerto. Ardientes olas —triste el mar— asolan; el mar de sal que canta, sol perverso; que en sed te inundan, solo sol quemado —y el aire va soltando al mar sus perros—. ¿Por dónde yerras, mar, que no te aciertas, que sólo ves flotar extraños cuerpos, naufragios de una espuma blanca y roja? ¿A quién persigues tú entre tantos restos?
Tacas del mar (IV)
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IV Tu espada gris convocas, mar de octubre, bajo este manto en hojas ámbar vuelto. Nadando hacia esta guerra, van medusas cuajando el agua fría en cuarzo lento. Marciales cascos, plata uncida, escudos, su domo blando elevan, curvo y lleno. Oscila, gira y dobla bien, campana, que la hora llega al fin letal del duelo. Si esperas tú alcanzar hasta este ocaso, procura pronto, mar, agudo acero. No olvides que Medusa, pues es otoño, la tarde ofrenda al sol, postrer veneno.
Tacas del mar (V)
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V Tu cine vas a abrir al aire libre, profunda sala, cano mar de enero. Sentada el alma allí —glacial butaca—, oirás sonar de nuevo el piano viejo. Verás los filmes mudos (Lang dirige, Murnau te anula en un fundido en negro). El mar, prensado en un lagar de nieve, ofrece a todos este gran estreno. En esta noche blanca, mar, rodamos. Habrá secuencias largas, planos medios, copiosas tomas de esa piel salada. Encuadro bien la escena, mar... Silencio.
Tacas del mar (VI)
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VI "Cuando salgas de viaje para Itaca, desea que el camino sea largo." C. Kavafis. Y no es verdad que el mar invite al viaje: el mar arrastra a hundirse en un naufragio; estrella, no aventura andar sus olas; acaso y no proeza errar sus cabos. La tierra, inmensa taca, al mar custodia; sus hondas cuencas son igual a jarros: vasijas de agua dulce o de agua amarga, que apagan toda sed de azar o labio. De tacas no de Itacas son los puertos. El hombre siempre marcha hacia un fracaso. Alguna tarde el sol, que duerme dentro, nos da a beber el vino de ese ocaso. El dios profundo habita el mar y el cielo; modela y forja al hombre en copa y barro; si cáliz de ala oculta, pez dormido; guardián del néctar puro en estos vasos. De igual a igual trató Neptuno a Júpiter; así que ocurre arriba ocurre abajo; igual mi rostro al rostro de un espejo; iguales, fondo y forma en un vocablo. Desnudo el ser, el hombre solo erguido, ...
EL JUGADOR DE AJEDREZ
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EL JUGADOR DE AJEDREZ Cuando llegué a la pensión en la calle N... alguien me entregó un papel doblado y una tarjeta: "Don Antonio Álvarez de Ojeda tiene el placer de invitarle a una partida de Ajedrez, en su casa a las cuatro y media". Noté la calidad del papel, la letra pulcra y femenina (por lo que deduje que pagaba una secretaria) y, sobre todo, el tono seco y hasta desafiante, me pareció, de la misiva. La tarjeta decía: ANTONIO ÁLVAREZ DE OJEDA, Ingeniero de Minas. Particular: P. ARZ. OBISPO M..., 6. TELF... Me sonreí (recuerdo) al ver el "DE OJEDA", suponiendo que mi desconocido anfitrión era algo presuntuoso. No almorcé, es cierto, pero tampoco estaba nervioso. Caminé, despacio, por las calles menos ruidosas y empezó a llover, igual que hoy. Me puse los guantes. A las cuatro y treinta y dos me detuve frente a la casa del ingeniero. No había timbre, sino dos enormes aldabas. Sostuve la que tiene el angelote desnarigado y di tres golpes. Me abrió la puerta pers...