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Mostrando entradas de 2007
Motril (Granada), 1958
Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).
Último libro
El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025
El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.
Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).
Algunos libros
Migas de luzPoesía reunida, 1979-2020
NoctámbulosSonetos
Historias de lo cotidiano y lo inesperado IICuentos
PekoreaHaikus y haikudillas
EspejismosCuentos escogidos
Poesías líricas de Juan de ArizaEdición y estudio
Las 34 obras, con dónde conseguirlas →
Premios recientes
- 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
- 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
- 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
- 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)
Caí, simplemente, al suelo. Fue un golpe duro y frío en la nuez helada del invierno. Yo estaba acostumbrada a otear la vida desde una elevada posición y guardaba un concepto muy distinguido de mí misma. Después de todo, la sociedad entera se movía bajo mí como un soberbio y diminuto desfile de procesionarias: gavillas de jóvenes alborotadores que el azar y la abulia diseminaban entre los pasadizos del parque, ancianos con la apacible obligación de gastar serenamente su tiempo, padres y madres bienintencionados dispuestos a quemar la energía de su prole en vertiginosos columpios y toboganes, lentas parejas de enamorados que transformaban en idílico oro aquello que miraban... Sí, aquel era el desfile humano habitual de las tardes. Durante las mañanas pasaban revista los jardineros municipales que atendían al cuidado de las plantas, cortaban el césped y saciaban mi sed permanente con el agua pulverizada que asperjaban mangueras inacabables. En los ardientes y largos veranos recuerdo mosc...
Al ritmo del corazón
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Quien encuentra la poesía percibe, en la armonía de las palabras, una metáfora del orden del mundo y del universo, una esperanza de conciliación con uno mismo y con los otros. Pocas veces ocurre que la luz de una certeza nos derribe del caballo, como a Juan camino de Damasco. A mí me pasó una vez y de una forma tan vívida que apenas puedo rememorar las circunstancias y acontecimientos externos que rodearon la historia. Tampoco importan. Hoy, por ejemplo, ni siquiera recordaba al poeta que me contó el secreto de otro poeta, al que tampoco podía evocar en aquel momento. Sucedió hace algunos años en un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. Leopoldo de Luis, el gran poeta cordobés de la posguerra española, el amigo de Miguel Hernández, Aleixandre y León Felipe, impartía una conferencia. Andaba yo entonces buscando inútilmente esa simetría en mis poemas, cuando aquel hombre —mientras hablaba de Hernández y leía a León Felipe— dijo simplemente: "Lo que hace poema a ...
¿Por qué se han llevado mi queso?
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Decía Ortega, en su "Rebelión de las masas", que todas las ideas tienen su parte de razón y si no se la damos allá donde la tienen, jamás podremos superarlas. El cuento "Quién se ha llevado mi queso?", de Spencer Johnson, supone para la historia del nuevo liberalismo, lo que pudo significar, por ejemplo, la película "El acorazado Potemkin", de Eisenstein, para la implantación del viejo marxismo: un panfleto, en el mejor sentido de la palabra; es decir, una herramienta de propaganda eficaz al servicio de una ideología y de unos intereses bastante obvios. No convenir, pues, en que "¿Quién se ha llevado mi queso?" tiene su porciúncula de razón, es una forma de invitar al liberalismo a que regrese eternamente del Purgatorio de la historia, con sus virtudes —y lo que es peor, con sus defectos— para pedirnos cuentas. En consecuencia, conviene tomar buena nota tanto de lo que esta narración evidencia —negro sobre blanco— como de lo que evita —blanco ba...
En lugar de frío
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Yo era una chiquilla y los viejos contaban que las ánimas benditas —que penan sus culpas en el Purgatorio— son muy vengativas y hay que tener cuidado con lo que se les promete. Mi tía abuela Adoración decía que porfió con la tendera por un real de menos: ella, que si el pan fiado eran tres reales y la de la tienda que cuatro. Adoración juró por las ánimas benditas que pagaría sólo lo que debía y puso tres reales en la piedra que servía de mostrador. Aquella noche la tiraron cuatro veces de la cama. Al día siguiente, todavía aterrada, se disculpó por su mala memoria, y pagó en la tienda el real que faltaba. En otra ocasión, el día que se casó mi hermana, mi cuñado se dio cuenta de que faltaban tornillos para apretar la cama de matrimonio que estaban montando y marchó a la fragua de Juan a por ellos. Tardó tanto que un hermano mío salió a buscarlo y lo encontró sentado en un poyo de piedra, con los ojos perdidos en el infinito. —¡"Ozé", qué te pasa! —le tuvo que grita...
Jalogüín contra la Noche de Difuntos
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Con las distintas ocupaciones del territorio, cambian las sociedades y los ritos. Si leemos historia, la Andalucía que ocupan hoy mis convecinos ha sufrido —o disfrutado— de muchas transformaciones de este tipo: nuestra sociedad ha mudado, a lo largo de milenios, la piel y la lengua de sus habitantes; pero el rito, con otras variantes y fórmulas, ha pervivido hasta nuestros días. Nadie lamenta que las antiguas formas del rito se hayan perdido (suele ocurrir al contrario), pero sí que aparezcan otras nuevas. Así ocurre, por ejemplo, con la introducción en nuestra sociedad de la Noche de Halloween —o de "jalogüín", como he oído decir—que sigue provocando cierto rechazo sobre todo en los sectores de mayor edad. Pero en el fondo, Halloween no deja de ser otra forma menor del rito por antonomasia. Lo único que pone de manifiesto esta moda es la "ocupación" o "posesión" temporal del cuerpo de nuestros adolescentes por el espíritu anglasajón o norteamericano. ...
Todos los santos
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Cuando mis padres iban "de muerto", al regreso del duelo les preguntaba si no habían sentido aprensión y espanto al estar junto a una persona que no era ya de este mundo, tan helada y yerta. Mi padre —con áspera y sencilla claridad— solía decirme entonces que a él le daban miedo los vivos y no los muertos. Recuerdo que era muy religioso, pero no guardaba aprecio alguno al cuerpo de los difuntos; no sé por qué tenía muy claro que sólo se trataba de un cascarón vacío. Por ese motivo dejó de pagar a "los muertos" y se desapuntó del seguro de toda la vida. Decidió que era tontería costear algo que de todas formas los deudos estábamos obligados a realizar: enterrarlo. Claro, no íbamos a dejarlo en la cama como una colcha. Lo cierto es que mi madre—seguramente con su silencioso acuerdo—mantuvo en vida unos ahorrillos con los que sufragar los sepelios de ambos. Mis padres perduran —como suelen hacerlo los padres— en mi ADN y en mi memoria. Con eso y una docena de fotos, d...
A nadie importaba
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Postdedicado a Nicolás Rodríguez Martín, perito en versos y cambio horario (de un payaso a otro). Motril, 27 de junio de 2018. Amaneció más negro y frío que de costumbre. Desayunó primero y luego atravesó las mismas calles. Le extrañó comprobar que estaban concurridas por gente y vehículos que no parecían los habituales. En las cafeterías abiertas tampoco reconoció, tras los cristales, los rostros vagamente familiares de los clientes de siempre. Cuando llegó a la oficina, puntual como un reloj suizo, le sorprendió observar a sus compañeros sentados ya en sus puestos de trabajo y dando salida a los expedientes de mayor urgencia. Durante cinco jornadas más llegó tarde a todas partes sin entender el motivo. Por fin, una semana después, mientras paseaba a las nueve de la mañana por el centro de la ciudad en su día libre, lo comprendió todo. La campana que repicaba desde la torre de la Iglesia Mayor, infalible en materia de horarios desde que tenía uso de razón, anuncia...
Del trastero en la tabla segunda
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Del trastero en la tabla segunda, de todos adrede apartada, sucia y debajo de un cuadro, yacía la máquina. ¡Cuánta historia soñaba en sus tipos como sueña en la voz la palabra, mientras pulsan los dedos y baten la tela entintada! Mas no olvides que para escribir como escribe la hormiga en la playa o en la orilla escriben las olas, alcanza un dedo en la arena blanda. Lunfardo Alonso Pérez.
Café con hielo
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El frío cuello del vaso transparente de vidrio —apretado y sostenido por los dedos de la mano— siente el calor de las esponjosas yemas. Tres cubitos cilíndricos de hielo flotan semisumergidos en el líquido color caramelo del café. La cucharilla de metal blando hunde la cabeza y el cuello en la infusión, mientras el mango sobresale un centímetro del borde del vaso. La mano lleva la bebida hasta los labios y la boca siente el frío amargo y dulce del café, que sabe como sabe la vida, antes de descender por la garganta y desvanecerse para siempre.
El héroe
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Kurt se levantó muy temprano. Las voces —primero susurros— y los ruidos —al principio apagados—, ya se habían convertido en gritos y golpes amenazadores. Sabía que la batalla estaba a punto de comenzar. Se incorporó del blando lecho conyugal y contempló a su amada, semidesnuda, mientras recordaba otras guerras más placenteras. No quiso despertarla ni demorar la partida. Descalzo, en la oscuridad del amanecer, se aproximó adonde estaba el agua y allí lavó su cara y mojó sus cabellos. Después, sumergió su cuerpo en aquella cascada fría de gotas de agua que parecieron renovar su valor y su energía. No era lo habitual, pero esta vez desayunó parcamente: un poco de leche caliente y pan de centeno. Eligió los atuendos más adecuados y se vistió lentamente y en silencio para no despertar a Wilha, su esposa. Salió afuera y caminó hacia el sur. Sus compañeros de colla le estaban esperando, una calles más abajo, para recoger habichuelas en cualquiera de las extensas vegas de la costa y el ponient...
La caja de las ánimas
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Que la muerte nos iguala a todos —ricos y pobres— es verdad; que el funeral nos desiguala, también. Tal vez consuele a los más desfavorecidos pensar que el protagonista y principal agasajado en la fiesta está como ausente y que ni le importan ni le dejan de importar los elogios ni los vituperios, pero nadie negará la evidencia de que los funerales de los ricos son mucho más vistosos y que sirven en ellos —según dice la leyenda— mejores canapés. Contaba mi madre que, antes de nacer ella, los pobres no tenían dinero ni para comprar un triste féretro. Existía entonces lo que se conocía por la caja de las ánimas: un cajón de madera de mala muerte —literalmente—, pintado de negro, que el Ayuntamiento o la Parroquia ponían a disposición de la familia. En aquel recipiente precario, acomodaban temporalmente al difunto hasta que se presentaba el cura en la vivienda, acompañado de un monaguillo. Si había hombres para cargar al finado, lo cargaban; si sólo había mujeres, el carromato de la ba...
Manual del hablante políticamente correcto
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Si no se utiliza en los contextos adecuados, el lenguaje políticamente correcto puede sonar ridículamente incorrecto. Como aún no se ha escrito el "Manual del hablante políticamente correcto" (alguna editorial lo hará cuando los tests de mercado le sean favorables), cualquier opinión al respecto —incluso la mía— puede aportar alguna experiencia de campo a los estudiosos (porque hay estudiosos de todo lo imaginable y gente "pa tó") . Cuando obtuve el título de diplomado del profesorado de EGB, pensé que me había equivocado de carrera —y de oficina— al formalizar mi matrícula (lo cual no era raro, porque andaba muy despistado entonces). Años después, me devolvieron el nombre y el título de "maestro", maestro de escuela (y dije: aaaahhh), que es de lo que ejerzo y lo que entiende la gente. Habrá quien esté de acuerdo en llamar "técnico eliminador de residuos sólidos" a un barrendero, o que prefiera "reducir la plantilla" a "poner...
Desde la negrura
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Desde la negrura, con paso seguro, su pequeña figura, negro sobre negro, va creciendo conforme se aproxima poco apoco a la única farola de la calle. Algún coche, antes de cruzar la vía principal del pueblo, ilumina primero su espalda y después la sobrepasa. El hombre camina acompañado de un bastón sobre el que apenas se apoya, y que golpea cada varios pasos sobre el asfalto y a veces mueve delante de sí, de derecha a izquierda, tanteando el vacío en busca de obstáculos inexistentes. El hombre llega a la altura de la farola y siente que la luz baña su cara y su pelo gris. Entonces se detiene y gira hasta enfrentar el edificio ruinoso cuyo volumen presiente y percibe con sus otros sentidos. Los ojos, muy abiertos y extrañamente blancos, giran sobre sí mismos y se mueven sin control como los de quien duerme y sueña con los párpados cerrados. Recuerda los colores que alguna vez vio de niño, a su madre —sola— toser, recoger leña y calentar agua antes de servir la sopa de ajo diaria a s...
El cazador de níscalos
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Indumentaria del cazador de níscalos: - Pantalón de chándal ajustado, con cenefa rojiblanca desde la cintura hasta el tobillo, de donde desciende una corta cremallera hasta el final de la pernera. - Zapatillas beig, atadas con cordones a juego y suela de papel de fumar, compensada con gruesos calcetines que cubren un par de pies con sus diez dedos, a los que se amoldan sin compasión todas las piedras y guijarros del camino. - Gorra azul marino, recalentada y reseca por el sol, que hace publicidad gratuita de una bebida fresca y burbujeante. - Cesta de mimbre, modelo caperucita, o bolsa de plástico, en su defecto, pero en cualquier caso ambas vacías porque aunque ha llovido a mares, los níscalos de las narices no aparecen por ninguna parte.
¿Por qué?
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—¿Por qué lo habrá hecho? Marcharme así, sin decir nada, de repente, sin despedirse de los amigos ni de los vecinos . —No lo sé. Sólo te puedo decir que ha puesto un cartel de "SE VENDE" en el balcón de la casa, con un número de teléfono móvil para atender a los interesados. —Sí, estuve llamando a ese número y corresponde a una agencia de alquiler de viviendas. —El piso es una monada, así que se venderá pronto. —¿Te das cuenta? Es que no puedo entenderlo: una vivienda magnífica, un trabajo fijo y bien remunerado. Además, estaba muy bien visto por aquí; era una persona respetada que nunca dio que hablar. —Alguna razón habrá. —Sí, ¿pero cuál? Es que son treinta años, lo conocemos desde hace más de treinta años y no tenemos la mas ligera idea de por qué ha desaparecido del pueblo, por qué ha abandonado esta vida apacible, segura y cómoda. —Tal vez no era feliz. —Quizá, pero ¿cómo es posible que no nos diésemos cuenta? —No lo sé, pero tal vez, si él nos escuchara, n...
La muerte se equivocó de rumor
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Perpetro el asesinato ritual de la pereza y escribo otro día más, a pesar de que el vacío de este espacio virtual y blanco no sea debido al azar. Esta mañana —no sé si vale la pena contarlo— la muerte se equivocó de rumor y no se llevó consigo a la persona que andaba en lenguas por el mercado del pueblo. La vida le concedió al menos un día más de sol y una noche más de luna. Que sea un día de sol inmenso y una noche inconmesurable de luna. De nada sirven, aunque sean miles, los días de sol macilento y las noches de diminutas lunas. Vivir es hermoso sólo si la vida es ancha, no larga.
Enemigo mío
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Las hostilidades con mi enemigo aún no han terminado. Nuestras ciudades y campos esperan un milagro azul y verde brotar de las cenizas. Nos hemos sentado a negociar la paz, al menos tantas veces como la hemos roto. Incontables veces. En estas conversaciones conmigo mismo —en algunas— brilla la esperanza; pero en las más, hay desacuerdos. Entre conflicto y conflicto, entre una guerra interior mundial y la siguiente, se extiende, fugaz, un breve armisticio, un relámpago de equilibrio y armonía apagado abruptamente por el fuego de las llamas que incendian Afganistán, Irak, el Líbano o el umbral de mi puerta. Y aún así, todos los días, después de asistir a mi entierro, vuelvo a sentarme conmigo a ver si de una vez por todas mi enemigo y yo nos ponemos de acuerdo y firmamos la paz. De una vez para siempre.
Gentando se entienden las hablas
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"Cansamos estados de que los pronuncios se palabren en vano. Las pasas horan, el cumplo se tiempa y las cuentas de los hombres no bocan la verdad. Las posas se mentiran sobre los corazones y nunca se futuró un intuyo más negro". Así profetó el penúltimo habla y aún lo están eruditando nuestros traductos.