El cazador de níscalos
- Pantalón de chándal ajustado, con cenefa rojiblanca desde la cintura hasta el tobillo, de donde desciende una corta cremallera hasta el final de la pernera.
- Zapatillas beig, atadas con cordones a juego y suela de papel de fumar, compensada con gruesos calcetines que cubren un par de pies con sus diez dedos, a los que se amoldan sin compasión todas las piedras y guijarros del camino.
- Gorra azul marino, recalentada y reseca por el sol, que hace publicidad gratuita de una bebida fresca y burbujeante.
- Cesta de mimbre, modelo caperucita, o bolsa de plástico, en su defecto, pero en cualquier caso ambas vacías porque aunque ha llovido a mares, los níscalos de las narices no aparecen por ninguna parte.







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