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Mostrando entradas de 2008
Motril (Granada), 1958
Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).
Último libro
El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025
El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.
Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).
Algunos libros
Migas de luzPoesía reunida, 1979-2020
NoctámbulosSonetos
Historias de lo cotidiano y lo inesperado IICuentos
PekoreaHaikus y haikudillas
EspejismosCuentos escogidos
Poesías líricas de Juan de ArizaEdición y estudio
Las 34 obras, con dónde conseguirlas →
Premios recientes
- 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
- 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
- 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
- 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)
TODO ME DICE QUE NO ESCRIBA POEMAS Todo me dice que no escriba poemas: el pavimento que trepida, el safari de los días, el cortés impuesto del saludo, las hormigas urbanas que galopan histéricas, la serpiente venenosa de las colas, el tartamudeo de las siglas, la propaganda y su papel higiénico, las máquinas tragaperras que huelen a furcia, el néctar de plástico de los centros de mesa, la fístula de la capa de ozono, el color armado de las razas, los mítines que anestesian, la fosa séptica de los mares, el mercado del arte y sus verduras, la frigidez de las discotecas, las imágenes sin palabras, el humo negro de las guerras que no acaban, el estómago vacío de los que nada valen porque nada compran, la experta soledad que tenemos de la vida...
Y aún así escribo poemas
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Y UN ASÍ ESCRIBO POEMAS Y aún así escribo poemas, y aun así todo lo que lastima es un verso herido; todo lo que ríe, una metáfora que estalla. Y aún así la poesía florece en el veneno del aire, en la prisa lenta que nos viaja, en la incógnita que saben tus cromosomas ya desde el agua. Y aún así la poesía desayuna en bares atestados y mugrientos, nos llama desde los televisores cuando empiezan los concursos, diseña pintadas en los muros del colegio, desnuda su voz en mitad de las balas, telefonea a un desconocido y prepara la cena. Y por eso hoy quiero bajar a la poesía de su peana, apearla del caballo y de sus rosas, montarla en la autopista y el silicio, subirla a la estatura de los tiempos, darle zapatos y problemas, y luego... escuchar su voz a ver qué cuenta.
Aterriza el día
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ATERRIZA EL DÍA Aterriza el día su abatido bombardero intacto de trilita y bilis rubia. Sucio de horas, el piloto prende la bandera blanca de una cerilla y gira el mando para que dos azules y naranjas alitas emprendan su místico vuelo de propano. Después arroja los heroicos calzoncillos a cualquier parte y, desnudo de anuncios, sumerge su animal herido en la filogénesis nutriente del agua. Mecido tibiamente, levitando líquido en la cuna rosácea de la bañera, el piloto contempla resignado su virilidad inocente flotando entre dos saquitos redondos de aire, pensando si no se los volará mañana el enemigo, si la velocidad de las balas, la ley de mercado, serán más rápidas que el instinto opaco de su nómina, el metálico sueldo de la contienda urbana más allá del agua y de sus alas.
Comprendo
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COMPRENDO Comprendo que lo urbano impregne todo, que ninguna vaca transite sus majestuosos andares y su entropía de boñigas esponjosas por la calle, que todo el horizonte sea dulce hálito de hormigón envenenado. Entiendo que el perfume a nicotina, el disfraz de ambientador aleve que vestimos en la piel, la golondrina de asfalto en que viajamos sean el estado natural del hombre que se piensa humano. Comprendo que la perspectiva isósceles, los planes de ordenación urbana y su trapecio pinten un cuadro azul de cielo en los caballetes vecinales y clementes de los parques, que nos desbrave su dócil volumen de cubos y jardines mansos. Entiendo esta unánime soledad anónima de ojos que se driblan como tímidos delanteros, que disparan sin avisar a la nuca de los días, que de noche habitan la tregua de un café, el tierno animal de otra víscera urbana. Comprendo.
Subiendo la mañana
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SUBIENDO LA MAÑANA Subiendo la mañana torva, el viento gris que dobla las esquinas, los fustes quebradizos de las ramas azules ahogadas por la arena, mientras los ojos se sumergen bajo la hora glacial de las auroras, la ciudad despierta ese brusco ademán de prisas, solitario, anudado a la luz de las aceras, a las tazas de café donde se enrola, vestida todavía de pijamas. Al tiempo que sacudo el cigarrillo, bajo el humo ceniciento de las nubes, se extiende de improviso por mis piernas el sabor nostálgico a reposo de sillón y zapatillas, el vado permanente de tus ojos donde aparco los quilómetros del día, la tristeza inútil de las ruedas que me llevan por el plano asfaltado y contingente de la vida. Sobre los zapatos obedientes, laborales, donde el cuerpo traza el urbano callejón que le incomoda, que se aviene a la punta de los pies como una piedra, dejo atrás lo que era el mundo a cada paso, lo que pierdo de mi vida en cada gesto, y gano espacio, poco a poco, a la mañana.
Si el amor alzado
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SI EL AMOR ALZADO Si el amor alzado evoca una promesa en sus recuerdos, si camino espantado el tiempo que descubro, el reino de semáforos que contigo gobierno, todo se precipita en las aceras, como volver de pronto la espalda y sentir en los dedos el desorden metálico, doblemente, en las horas del barrio. Y ante todo, yo me habito a veces... más allá de presentirte te escucho hablar debajo de mi pecho, porque has invadido la intimidad de la distancia, desde los sueños y el insomnio, bajando un silencio, un estruendo amargo, ese mantel reunido que los besos dibujan entre el vértigo. En la seducción distinta de los nombres, lejos de los vientos y los mástiles, para conocer la niebla de tu cuello, invitabas a la vida, como un huésped, eligiendo el temor de presentirme de nuevo en otra voz, rodeados por la arena terrible de las noches. Fue como si viviesen los días bajo un puente ajeno que las manos construyen sobre el ti...
Alto corazón de tierra
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ALTO CORAZÓN DE TIERRA Alto corazón de tierra con sangre en las venas de los muros estas casas que duermen su silencio con ventanas, que se pierden en la sed de las ciudades como peces que se asfixian en la playa, bajo el farol orlado de mosquitos, y estrellas apagadas en el techo, y nubes violetas o murciélagos chillando al aire urbano de la plaza. Alto corazón de tierra entre las sombras. Sobre la sed despierta ya no bailan las luces de la feria ante los ojos, la redonda noria atormentada, sus cangilones alegres, las casetas brillantes de la fiesta invitando al regreso. Nada nos llama en esta calma, los números y los timbres de las casas sólo invocan el recuerdo de otros seres solitarios, arropados en paredes, que acaso olvidan su desamparo en sueños, o tal vez sueñen que alguien se pasea entre los grillos y toca el timbre de sus puertas, y los nombra. Todo importa, hasta los cables de teléfono volando sus ser...
Mi infancia
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MI INFANCIA Mi infancia fueron pisos y lugares de una casa fugaz nunca tomada: lugares de salida y de llegada con cielos y balcones muy dispares. Cargado de ilusiones familiares corría el autobús por la calzada y al final, con la nave naufragada, todavía soñábamos sus mares. Aprendí que vivir es la aventura, que la piel es el barco en que navego con la suerte en contra y la mar dura. Las reglas aprendí pronto del juego, la vida cruel sus cartas me procura; y sé que perderé, antes o luego.
Estrella de seis puntas
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ESTRELLA DE SEIS PUNTAS Estrella de seis puntas, quién pudiera, igual que tú, habitar en fuego y agua ensamblados, ser síntesis que fragua ideas varias y esperanza entera. Asentaste ya al hombre en tu ribera, navegaste en sus calles tu piragua y en los darros tu lluvia se desagua ardiente, pura, plácida y ligera. Nos dejaste la sed por compañía, el ansia de saber lo que sabemos, la rosa de los vientos que nos guía. En las ardientes casas te encendemos. Eres más, mucho más que mayoría: eres la voz reunida que tendremos.
Tan venenoso
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TAN VENENOSO Tan venenoso como el humo afable del rubio cigarrillo que respiro es el tiempo apagado en que conspiro con cenizas del día irrevocable. Lentas, las horas marchan con su sable confiando en que mi sien se ponga a tiro. Despacio, lío otro cigarro y giro el papel con paciencia imperturbable. ¿A qué escuchar los granos que se caen como estrellas de sal del calendario?, ¿a qué contar las heridas que se traen? Prefiero alimentar este incensario, estas columnas grises que sustraen del miserable pasatiempo diario.
Cuatro
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CUATRO Llegó el cuatro cargado de razones, con sus reglas, su silla y su tablero; los pilares, debajo del alero; al lado del compás, los cartabones. Sus rectas y sensatas deducciones a los seres humanos se aplicaron pero el cuatro quedó entonces en cero, sin solución real ni conclusiones. Y es que dos más dos no son siempre cuatro. En esta urbe azul de comediantes, cuatro son uno, o seis, o veinticuatro. Depende, como siempre y como antes, de los dueños inciertos del teatro en que somos actores figurantes.
Parado frente a un paso de peatones
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PARADO FRENTE A UN PASO DE PEATONES Parado frente a un paso de peatones, mirando la rayada piel de cebra, otra mañana la ciudad me enhebra en su bajo alquitrán de pisotones. El mundo urgido va de obligaciones (la fiesta de la prisa se celebra) y estas franjas la airada marcha quiebra, subrayando una tregua de empujones. Ojalá que durase este rellano, este oasis sin césped ni raíces, descanso del bullicio cotidiano. Mas la calle acelera sus lombrices y reanuda sus pasos de marciano sin tiempo de curar las cicatrices.
Las horas y los días
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LAS HORAS Y LOS DÍAS Las horas y los días se encaminan vestidos de paisano por la acera. Huele en cualquier placeta a primavera, cuya esencia las rosas diseminan. Las horas cálidas de sol terminan en un suave perfil de carretera. Descansa el viejo día en su litera. A la noche farolas iluminan. Así transita el hombre por los días: del amanecer yendo hacia el ocaso, volviendo de la luz a las umbrías. Circunvalación sólita de paso a la que van a dar todas las vías, incendio orbicular en que me abraso.
La tarde saca a pasear
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LA TARDE SACA A PASEAR la tarde saca a pasear los ojos para que ellos decidan los colores y sean del paisaje los pintores sin esconder los grises ni los rojos. Aherrojaron la puerta con cerrojos, interpusieron grises corredores. Levantaron un paisaje de interiores sobre la tierra inerme y sus despojos. Desahuciados del nido y de la rama, anhelamos mirar el horizonte y descansar en su poniente cama; por siempre ver el mar y el monte y sentir que el sol, dentro de su llama, las tardes baje y al clarear remonte.
No me disgusta del todo
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27 No me disgusta del todo la poesía decorativa: sus infladas grecas, sus vacíos ropajes, su pálido alabastro, su áulica epigrafía, sus afeites... Pero es tan hermosa la poesía desnuda: su piel salada, sus labios gordezuelos, sus ojos húmedos, sus pechos temblorosos, sus caderas anchas y redondas como el mundo...
Lo escribió un adivino nortemericano
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La Pelirroja
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LA PELIRROJA A M. V., que conoce historias como ésta. Si subimos por primera vez la cuesta del Calvario, en cuya cima se eleva una modesta ermita, puede llegar a inquietarnos la ominosa presencia de nueve o diez moles de ladrillos rojos que albergan, cada una de ellas, a dieciséis familias, las más humildes de este barrio humilde. A estas edificaciones, agrupadas en torno a un patio común al modo de las antiguas corralas de las juderías hispanas, se las conoce popularmente con el apelativo de Los Pisillos de San Torcuato. Toda la gente del pueblo sabe que Los Pisillos, viviendas de protección oficial, se distribuyeron a ojo por la autoridad municipal, allá por los años setenta, para reemplazar a las chabolas que, en su lugar, pululaban por el barrio. En esos tiempos, una de estas casillas referidas, de poco más de sesenta metros cuadrados, vino a caer por puro azar en manos de La Pelirroja, cuando su hombre, que trabajaba en Los Caminos, especie de subsidio entre la caridad y el trabaj...
Una isla rodeada de sueño
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ISLA CALIENTE RODEADA DE SUEÑO Isla caliente rodeada de sueño, plaza tendida al sol por la que un toro bajó hasta el mar su agua entre las ramblas. ¡Cuánto poniente delimita el río, tú que al norte, tú que a levante sueñas con graves sierras y al sur con la sal! ¿Por qué en tu espalda tiembla una lombriz oscura? ¿Cómo celebras al año unos días de enloquecido viento? Dime si la primavera despierta con un alegre redoblar de cascos, si aún hay nieblas húmedas que en verano sobrevuelan la arena de tus playas. ¿Has visto la montaña de cemento que se asienta en una alberca romana? ¿Y laberintos sinuosos de acequias?, ¿y almenas árabes cuyos fantasmas silenciosos levitan sobre el Cerro? ¿Qué querrán las nebulosas mezquitas, iglesias, muros, puertas indecisos que se abrazan junto a la ciudad vieja? ¿de qué ocaso las torres litorales?, ¿de dónde estos moriscos que regresan puntuales cada mil quinientos siete?; ¿por cuál balcón de la memoria asoman epidemias y temblores de tierra, la perió...
Bendito sea el constructor Willet (2/2)
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Y DOS Tras el cambio al horario de invierno, en muchas ciudades del mundo se reprodujo durante los primeros sesenta minutos la acostumbrada serie de acontecimientos, aparentemente incomprensibles, que viene repitiéndose desde hace décadas. Estos dos elementales ejemplos forman parte de la nutrida casuística: — Un desconocido policía local de una ciudad del sur de España no sabe cómo explicar (ni le importa) por qué un robo se cometió a las 2.45 a.m. y sin embargo se detuvo a los ladronzuelos a las 2.15 a.m., exactamente treinta minutos antes del supuesto delito; — la auxiliar administrativa del servicio de ginecología de un hospital francés ignora por qué el veintiséis de octubre de dos mil ocho se habían contabilizado en el hospital maternal, a las 2.50 a.m., menos nacimientos que a las 2.05 a.m. del mismo día. En la planta hospitalaria tampoco interesa el tema. Según los hechos mencionados, las paradojas temporales existen, pero en realidad no es así (al menos en estos casos). Esta ...
Bendito sea el constructor Willet (1/2)
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UNO Hoy, que tanto se culpa al sector de la construcción de la crisis económica, quiero romper una lanza en su favor. Porque fue un constructor inglés quien, allá por 1905, tuvo la ocurrencia del cambio de horario "durante un paseo a caballo previo al desayuno" (ver Wikipedia ). Cierto que su idea no se aplicó hasta bien entrada la primera guerra mundial, cierto que el primero en publicar la consigna de levantarse más temprano fue Benjamín Franklin y cierto que el refrán castellano Al que madruga Dios le ayuda quizá sea aún más antiguo, pero no pretendo desmerecer la invención del empresario Willet. Así que convendremos con las enciclopedias en que gracias a su iniciativa se benefician —al menos y sobre todo económicamente— la construcción, el comercio, el transporte, la práctica deportiva y el turismo. Los beneficios de esta panacea sobre la salud son menos claros, pero en este loco mundo (no sabemos hasta cuándo) el que manda es Don Dinero y no Don Esculapio .
Doscientos treinta años del nacimiento de Francisco Javier de Burgos
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En el artículo "POLÍTICA | LOS HISTORIADORES VOTAN (Magazine nº 180 del diario El mundo , domingo 9 de marzo de 2003), veinte historiadores decidían que en un gobierno ideal, mezclando personalidades de diferentes épocas de la Historia de España, el ministro de Administraciones Públicas debía ser Javier de Burgos. ¿Razones?: "Fue un gran administrativista. Planteó la estructura del Estado español tal y como se ha mantenido. Representa el espíritu de la Ilustración del s. XVIII". Se cumplen hoy, 22 de octubre, dos siglos y treinta años del nacim iento de Francisco Javier de Burgos y Olmo y se conmemora además, en noviembre de dos mil ocho, el 175 aniversario de la división territorial de España ( ver mapa de la época ). En 1833, el Secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos, dicta una sencilla circular y divide España en 49 Provincias. Era la regente, en aquel tiempo, María Cristina y presidía el Consejo de Ministros Cea Bermúdez. Se sabe que Javier de Burgos ...
DOS (Terminal 306)
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DOS ojos desnudos, que parecen más redondos sin la compañía apenas de pestañas ni cejas, suman una mirada que dice más que su voz. De vez en cuando los levanta desde el sillón articulado y parecen leer los pensamientos del hombre, como si los viese expuestos detrás de un vitrina de aire transparente. —Sé que estoy en cuidados paliativos —susurra para sí misma, aunque tal vez desea hacerse entender—. La misma palabra lo dice: paliar, aliviar. Aquí estamos los que ya no tenemos remedio. Otras veces eleva los ojos, sin apenas rozar los del otro y con un velo en ellos comenta: —Aquí hay personas enfermas. A cada una, un trato distinto, según lo necesita... Me pondré bien. Los dos saben que miente, pero qué importa; qué importa; importa que el final del cuento sea hermoso; que cierre los ojos feliz, que esté segura de que va a abrirlos; aunque no sea en esta Sala 306. Ojalá fuese así y los franqueara como postigos de una ventana en algún otro lugar por muy poco "otro lugar...
El mar
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Tu flor azul se entreabre, mar de mayo, como una fuente clara de un sendero. Me acerco a ti, vitral, marino día, floresta de agua inquieta en que hundo el verso; y bebo la hora fresca de estas rosas, su aroma de ondas verdes y altos sueños. Avanza alegre el mar sus vastas crines, renglones, líneas de un antiguo texto que el aire escribe en un lenguaje propio dejando en esta orilla nata y cieno. De niño, mar, tal vez leí tus libros. Algún vocablo antiguo yo conservo, algún dormido eco absorto en conchas que igual que arena zapa entre estos dedos. Me hablabas, mar, y a veces yo te hablaba. Contabas un relato curvo, eterno; las mismas olas siempre y siempre otras. Sonora voz que viene y va en el tiempo. Mas ya desbrava el mar sus blancos potros, su red boreal que injuria al pez de anzuelos; al pez de plata, sílex de una estrella. Delfín, mi voz se va detrás del viento, surcando en busca de este mar que olvido, que juega solo; niño solo y lejos. F. Ayudarte
Has venido
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1 (A mi hijo, antes de cumplir -yo- un mes y un día) Has venido (¿o ya estabas, y dónde?) —o he venido antes yo y después tú— a revolverlo todo, a desordenar mi desorden, a tiranizar mis segundos, a soliviantar mi sueño, a interrumpir mis lecturas, a cambiar mis costumbres. Negrero, tirano, dictador, mandón, sinvergüenza, truhán... corazón.