Comprendo
Comprendo
que lo urbano impregne todo,
que ninguna vaca transite
sus majestuosos andares
y su entropía de boñigas esponjosas
por la calle,
que todo el horizonte sea dulce hálito
de hormigón envenenado.
Entiendo
que el perfume a nicotina,
el disfraz de ambientador aleve
que vestimos en la piel,
la golondrina de asfalto en que viajamos
sean el estado natural del hombre
que se piensa humano.
Comprendo
que la perspectiva isósceles,
los planes de ordenación urbana y su trapecio
pinten un cuadro azul de cielo
en los caballetes vecinales y clementes
de los parques,
que nos desbrave su dócil volumen
de cubos y jardines mansos.
Entiendo
esta unánime soledad anónima de ojos
que se driblan como tímidos delanteros,
que disparan sin avisar
a la nuca de los días,
que de noche habitan la tregua de un café,
el tierno animal de otra víscera urbana.
Comprendo.






