Parado frente a un paso de peatones
Parado frente a un paso de peatones,
mirando la rayada piel de cebra,
otra mañana la ciudad me enhebra
en su bajo alquitrán de pisotones.
El mundo urgido va de obligaciones
(la fiesta de la prisa se celebra)
y estas franjas la airada marcha quiebra,
subrayando una tregua de empujones.
Ojalá que durase este rellano,
este oasis sin césped ni raíces,
descanso del bullicio cotidiano.
Mas la calle acelera sus lombrices
y reanuda sus pasos de marciano
sin tiempo de curar las cicatrices.






