¿Por qué se han llevado mi queso?
El cuento "Quién se ha llevado mi queso?", de Spencer Johnson, supone para la historia del nuevo liberalismo, lo que pudo significar, por ejemplo, la película "El acorazado Potemkin", de Eisenstein, para la implantación del viejo marxismo: un panfleto, en el mejor sentido de la palabra; es decir, una herramienta de propaganda eficaz al servicio de una ideología y de unos intereses bastante obvios.
No convenir, pues, en que "¿Quién se ha llevado mi queso?" tiene su porciúncula de razón, es una forma de invitar al liberalismo a que regrese eternamente del Purgatorio de la historia, con sus virtudes —y lo que es peor, con sus defectos— para pedirnos cuentas.
En consecuencia, conviene tomar buena nota tanto de lo que esta narración evidencia —negro sobre blanco— como de lo que evita —blanco bajo negro—. Para ello sería preciso un estudio que no me siento capaz de llevar a a cabo, pero que otros, con más tiempo y, sobretodo, mayor capacidad, podrían acometer.
Tan conocida es ya la historia de esta fábula, récord de ventas en Estados Unidos y libro de cabecera de los empresarios de todo el mundo —quienes suelen regalarlo a los empleados—, que resumirla aquí, como haré en seguida, resulta redundante: Dos ratones y dos hombrecitos sobrevivían felizmente en un laberinto, alimentándose del queso que llenaba una estancia. De repente, el queso se esfumó. Los ratones, movidos por el instinto, sin pensarlo dos veces, se pusieron en marcha. Los hombrecitos, sin embargo, regresaban una y otra vez a la habitación, preguntándose inútilmente quién había movido su queso, hasta que uno de ellos decidió cambiar y emprender sin miedo la aventura de su búsqueda. Mientras el otro quedó en el recinto vacío, infeliz y lamentándose, el primero descubrió un nuevo, suculento y abundante depósito de queso.
No hay que ser muy inteligentes para entender por qué esta narración se ha convertido en la nueva biblia (con la ventaja de que se lee en unos minutos) de muchas compañías y organizaciones empresariales: para ellas se trata del "Manual del perfecto empleado" que los nuevos tiempos, según sus análisis de mercado, requieren.
Pero extender sin más, sin un análisis intelectual complejo, la necesidad de "cambio" (en biología se le denomina cambio homeostático) al que todo organismo se ve sometido para asegurar su existencia, a la necesidad de "cambio" de empleo o actividad laboral para subsistir en esta sociedad —cuyos bienes el relato dibuja como efímeros e inestables— está muy cerca de la mera manipulación propagandística.
No se le debe quitar a esta fábula su aportación a la verdad histórica: que el cambio forma parte esencial de la vida. Pero si el liberalismo de nuevo cuño no quiere ser asimilado a esa atrocidad que "cambia" parados y pobres en occidente por niños esclavos en oriente, si no quiere resucitar los fantasmas de sus contrarios y escucharlos reclamar su parte de verdad humana e histórica, deberá contestar correctamente a la pregunta ¿quién se ha llevado mi queso?, que el cuento jamás responde; pero sobre todo, no debería eludir esta otra: ¿por qué se llevan mi queso?







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