Del tiempo
Y sé que el tiempo pasa y no me importa:
deseo la vida ancha en vez de larga;
montar la brisa, el viento agreste y libre,
bajar trotando en un corcel de auras.
Deseo sentir la sangre vena a vena,
medir el amplio arco de una plaza;
poblar el ojo solo de un desierto,
trepar la arista de una voz humana;
rehuir angostas calles, largos túneles,
pasillos lentos, densas horas vagas...
Por eso siempre llego tarde a fiestas
que nunca fui invitado y más nostalgia.
Sentado junto a mí intento hallarme
buscando en un silencio frío de estatuas.
Y sé que estáis aquí, llamando todos,
al borde de esta ausencia fiel de larvas.
Mas hoy deseo bajar mi voz al suelo,
atar zapatos a estas rosas blancas;
beber poesía igual que vino amargo,
subir arterias rotas, mías, que rampan.
Con eso estoy conmigo ileso y pleno,
con eso alquilo una muerte falsa;
y en paz me dejan un instante eterno,
sumido en un pesar de ocultas ramas.
Procuro no perder la vida inútil-
mente, contiguo a secas, hueras almas.
Aspiro a no cambiar de nombre el vino,
tratar de pan al pan que el trigo guarda.
Y sé que a nadie inquieta el sueño nuestro,
que atañe sólo a nuestra fina audacia,
que sólo vale el arte ruin del mago,
el hábil don de ser experto en trampas.






