Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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ENSUEÑOS Y QUIMERAS

En un rincón del universo donde las horas intercambiaban su duración con los días, y donde los colores cambiaban con cada respiración, acontecía la vida de un pueblo singular, habitado por seres descendientes de quimeras y de ensueños. En el centro del pueblo se erguía una torre de pan, que cambiaba su composición, tornándose a ratos torre de oro, torre de viento o
torre de sal.

Era en esa tierra donde Baltasar, un hombre que sólo podía caminar hacia atrás, administraba la biblioteca más enigmática del mundo conocido. Un lugar donde los libros eran capaces de devorar conocimientos y las palabras saltaban de una página a otra, reescribiendo la realidad. Baltasar era feliz. Él entendía que en aquel mundo, lo existente no era más que una tinta que fluía y se transformaba sin cesar.

Cerca de allí, vivía Esmeralda, una mujer que tejía destinos con hilos de arcoíris, a la luz de una luna que cada noche elegía un nuevo tono para iluminar el firmamento. En su telar, los deseos de los habitantes tomaban forma, convirtiéndose en vestidos de fantasías cumplidas, en mantos de amor duradero o fugaz, en pañuelos de consuelo tejidos con la más suave brisa del amanecer.

Un día, mientras el sol sonreía travieso cambiando su tonalidad cada segundo, el pueblo se vio invadido por una troupe de seres exóticos, de otro mundo, seres demasiado comunes y previsibles. La noticia se extendió como un reguero de pólvora y pronto todos los habitantes se conglomeraron para observar a los intrusos.

Los visitantes traían consigo objetos rectangulares, estáticos y grises, y hablaban de una realidad uniforme, donde las cosas no cambiaban de forma ni de color, donde la vida transcurría sin sorpresas ni matices. Los aldeanos escuchaban atónitos, incapaces de imaginar una existencia tan pobre y descolorida.

El pueblo entero se puso manos a la obra para mostrar a aquellos visitantes el verdadero significado de vivir. Invitaron a los extraños a la biblioteca, donde los libros les narraron historias infinitamente más ricas y vibrantes que cualquier otra que hubieran conocido.

Después, Esmeralda los llevó a su taller y los vistió con los destinos más bellos, concediendo a cada uno un manto de posibilidades infinitas. En esa tierra de lo imposible, lo irracional se convertía en la regla, y la realidad más allá de la imaginación, en el pan de cada día.

Los visitantes regresaron a su lugar de origen, con la certeza de  que la realidad podía superar, y con mucho, a la más disparatada de las ficciones. Cada uno abandonó su gris y predecible mundo, y se lanzó a vivir en el carnaval perpetuo de lo impredecible, lo absurdo, y lo maravillosamente real.

Así, en un lugar donde todo podía ser y nada se quedaba estático, la fantasía se convirtió en maestra de ceremonias, y cada día, cada hora, cada momento, se transformaba en una aventura más allá de toda comprensión, demostrando que la realidad, la verdadera realidad, era aquella que se atrevía a soñar más allá de lo imaginable.

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