LAS LIBÉLULAS CARMESÍ
Una libélula, llamada Caela, sobresalía por por su belleza y por sus reflexiones filosóficas. Un día, un joven guardián de Lunaris, Lior, se acercó al oasis, y observó con veneración:
—Caela, ¿alguna vez te has preguntado por qué te consideramos un ser divino? —preguntó Lior con cautela.
La libélula se posó sobre una hoja flotante.
—Honestamente, no lo sé. ¿Por qué otorgar tanta importancia a una simple criatura alada?
Lior sonrió con timidez.
—Porque es tradición creer que las almas de nuestros sabios, aquellos que han iluminado nuestra historia, encuentran refugio en seres como tú. Así lo han dictaminado los oráculos.
Caela revoloteó con curiosidad.
—¿Y si os equivocáis? ¿Si simplemente somos entidades, deseosas de vivir sin el peso de tales expectativas?
—Supongo que no hay forma de probarlo. Pero, ¿no es hermoso pensar que el conocimiento perdura en seres majestuosos?
La libélula zumbó en el aire.
—Lo entiendo, pero a veces, simplemente deseo ser libre, sin leyendas ni mitos que determinen mi existencia. En vuestra búsqueda de significado, olvidáis la simplicidad de la existencia, la posibilidad de que simplemente somos un recordatorio de que la naturaleza, en su esencia, es mágica sin necesidad de historias o mitos.







