EN SU PROPIO LABERINTO
espera que le rediman del castigo de estar vivo.
Contempla Ariadna, sombría, la entrada de piedra abierta,
el hilo rojo que muestra la galería desierta.
Lupa en mano, Sherlock Holmes busca huellas, pensativo;
Hume ignora si mañana saldrá el sol, dubitativo;
ser y no ser, Shakespeare, son lados de la misma puerta;
Beethoven, aunque sordo, las notas siente y concierta.
En órbitas conceptuales, cual planeta, ideas giran;
los pensadores cual astros, que en su eclíptica deliran.
Fugas del entendimiento, en infinita ataraxia;
cada uno en su trayectoria, todos en igual galaxia.
Este lugar no es Atenas, ni tampoco el firmamento.
Es el rincón de la mente donde habita el pensamiento.







