Estado de alarma. Noveno día
Por azar, mi piso parece una celda de colmena pintada; eso parece. ¿Caminar por la baldosas? No. ¿Caminar? Mejor correr con zapatos de gamuza azul, bailar sábado a la noche con la lluvia y dar vueltas a la cocina y al salón por si acaso hubiéremos de reposar bajo cuatro marjales de ceniza tras ser mordidos por el virus invisible. Vaya, aquí estoy de nuevo, de regreso al salón por la cocina; por azar de peonza moldeada en una rueda, los grifos goteando su canción sobre el estaño. Tú giras las caderas, alígera y pronta, como una noria de primavera; porque la primavera ya está aquí con sus rizos verdes y sus vinagreras; oh hermosa, está aquí sin que nadie lo sepa, sin que a nadie le importe, cada cual en su propia celda pintada, mientras cuenta las violetas que le faltan a marzo, sentado sobre la vida que pasa en un sillón azul lleno de polvo.






