EL LIBRO QUE TODOS DICEN
El libro que todos dicen haber leído
yace abierto sobre el suelo
como un muerto tumbado boca arriba
que ha exhalado el último suspiro.
Ha dejado caer a los costados
más o menos el mismo peso yerto
y puede verse a cada lado,
una página par y otra impar
con los brazos tatuados y extendidos
como un crucificado de piel amarillenta.
Por piedad, lo levanto y lo sujeto
con cuidado por no llagar ninguna hoja
y antes de subir su cadáver al estante,
al cerrar la tapa y contratapa muy despacio,
sus dos manos se juntan lentamente
como si rezaran una última oración
por el descanso eterno de su alma.






