Estado de alarma. Cuadragésimo primer día
DÍA DEL LIBRO / DÍA DE LA LECTURA
Lentamente, semana tras semana, se fue poblando mi biblioteca con esos volúmenes irrepetibles, que detenían el tiempo o lo hacían fluir de otra manera.
Igual que si fuesen reales, los personajes que los animaban continúan siendo mis amigos, o enemigos, a la caza de algún tesoro escondido o dando una vuelta al mundo en ochenta días.
Por su causa, los barrotes, invisibles pero férreos de esta cuarentena preventiva, desaparecen de los hogares, nuestras madrigueras, y se doblegan, fulminados por la lectura y relectura de los textos que habitan en los viejos y en los nuevos formatos de los libros.
Y este mes interminable y pesado, mientras leemos, se prolonga, dulcemente, lo que dura un beso o un abrazo.






