AL MARCHARSE LA TARDE
Y detrás,
—en otra tarde distinta—,
las golondrinas
de los cielos de sombra
proclamaron
la victoria del ocaso
y de la penumbra
sobre la luz.
Lentamente,
un silencio
de luna nueva
apareció
tras las nubes,
y, por las ventanas,
entraron a la casa
los rayos negros
de la noche.






