NARCOLEPSIA
Desde hacía algún tiempo, la vida se parecía a sus sueños. Al revés de lo que acontecía en el mundo onírico, donde todo ocurría por primera vez, Nicandro planeaba minuciosamente la vigilia al dictado de sus ensoñaciones. Los poemas que escribía en el espacio físico eran un plagio de los originales que soñaba, las infamias y delaciones que ejecutaba espontáneamente en la fase REM de sus sueños paradójicos las repetía despierto en la empresa de aguas donde se desempeñaba para ascender de categoría y traicionaba a la mujer de la que se había enamorado con aquella otra, real y en carne y hueso, de la vigilia. Su actividad inmaterial y nocturna se convertía a la mañana siguiente en causa suficiente y necesaria de los efectos buscados en el espacio-tiempo.
Al cabo de unos años, comenzó a aburrirse. Todo era previsión y certeza en la vida real, aventura y serendipia por estrenar en la onírica. Le invadió, muy lentamente, una inexplicable angustia. Nicandro fue alargando a voluntad, cada vez más horas, los períodos de adormecimiento en busca de la emoción de la primera vez; dicho de otro modo, de la vida auténtica, por irrepetible, que le deparaba ese mundo irreal y sin dimensiones. Poco a poco le fue ganando una progresiva y duradera narcolepsia de la que, finalmente, nunca despertó.






