"MIENTRAS DURE LA GUERRA" (2019).
VEROSIMILITUD Y EMOCIÓN
Si la verosimilitud representa una característica indispensable de la construcción de los personajes de ficción, Amenábar da certeramente en el clavo con su última obra, "Mientras dure la guerra" (2019). Pero si el argumento se apoya además en hechos históricos y trágicos que el espectador conoce o ha escuchado a sus padres y abuelos y cuyo oleaje aún le moja los pies cuando no la conciencia, la similitud de la historia filmada con lo acontecido, como así ocurre con este cinta, era también necesaria.
Apoyada en planos medios cortos y primeros planos que se sostienen sobre la voz, los gestos y los movimientos de una interpretación inolvidable (encabezada por Unamuno-Karra Elejalde y Millán Astray-Eduard Fernández), de una fotografía impecable y de una espléndida recreación escenográfica, Amenábar ha construido seguramente una obra maestra que puede resultar incómoda a todos los espectadores que piensan que los problemas de su país se arreglan como vulgarmente se dice, en dos patadas. El intelectual que dialoga permanentemente consigo mismo y con los otros en un discurso suasorio, hoy como ayer no goza de buena imagen en este solar patrio donde todos estamos seguros de todo.
Amenábar teje un rico texto visual en torno a dos emociones y dos puntos de vista complejos: los de Unamuno y su entorno, por una parte, y los de los mandos militares rebeldes y su contexto, por otra. Secuencia a secuencia les va haciendo converger, hasta que, finalmente, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca la tensión estalla durante el famoso episodio del encontronazo entre Astray y el intelectual vasco, escena magistralmente recreada en la que el filme llega a su clímax y rápidamente a su final.
Tras el visionado de la película no he podido evitar el recuerdo, durante los años sesenta, de cómo los escolares del pueblo fuimos conducidos en peregrinación a una de las tres salas de cine donde proyectaban "Franco, ese hombre" (1964). Nada más lejos que sugerir algo parecido para este filme, pero sin duda merecería ser incluido como actividad complementaria en las clases de Historia de los estudiantes, no porque contenga todas las respuestas a esos terribles sucesos que pasaron por encima de la generación de nuestros padres y abuelos (y de los que aún sentimos su peso), sino precisamente porque nos invita a hacer todas las preguntas.