TRES HERMANAS
Tres hermanas
En un pueblo pequeño, nada más amanecer, se despertó la envidia con
unas grandes ojeras. Había dormido mal, como todas las noches, porque se
había pasado el día entero envidiando a todo el mundo, pero la noche
anterior había sido particularmente odiosa. A última hora de la jornada,
se enteró de que habían otorgado la llave de oro de la ciudad a un buen
vecino y no había tenido tiempo para hablar mal de él.
Por el contrario, la soberbia y la avaricia, hermanas putativas de la envidia, habían realizado ya su propio trabajo durante los pasados meses, la una con el objetivo de pasar a la posteridad a expensas de los méritos del celebrado y la otra para ganar alguna ventaja y obtener beneficios a costa de los actos y celebraciones subsiguientes al feliz suceso.






