ARTE XXIII. Tres cuadros de ajedrez de Marcel Duchamp
es honda concentración,
mística levitación
que nos sume en la embriaguez.
Deslumbrante lucidez
de muerte y resurrección,
irrefrenable pasión
por renacer otra vez.
[
y puente entre dimensiones
por donde cruza la mente
su ejército de peones;
pugna entre dos estandartes:
blanco y negro, frente a frente.









