Chesterton, en su magistral ensayo William Blake (1910), escribió:
Un colega artista dijo de Blake, con hermosa sencillez: «Es un buen hombre al que robarle». El comentario es tan filosófico como práctico. Blake llevaba el signo de la verdadera riqueza intelectual: todo lo que caía de sus manos era digno de recogerse. [...] Blake literalmente rebosaba de ideas, pero eran ideas que requerían desarrollo. En él y en su obra aparecían demasiado comprimidas para ser inteligibles: eran demasiado breves, incluso para considerarse ingeniosas. Y así como un ladrón puede robar un diamante y convertirlo en veinte propiedades, el que plagiaba a Blake podía robarle una frase y transformarla en veinte volúmenes. Robar un epigrama de Blake valía la pena por tres razones: primero, porque la frase original sería tan breve que su sustracción no dejaría un agujero evidente; segundo, porque sin duda sería universal y sintética, aplicable a una generalidad de cosas; tercero, porque sería tan ininteligible que nadie sería capaz de reconocer su origen. Podría poner innumerables ejemplos de lo que intento decir, pero uno solo basta. En mitad de un extenso poema, tan deshilvanado que resulta razonable dudar que se trate de uno solo y el mismo (me refiero al que comúnmente se titula los «Augurios de inocencia»), Blake introduce estos versos:
Cuando el oro y las gemas adornen el arado
la envidia se inclinará ante las artes pacíficas.
Un hombre honrado y poco atento pasaría por estos versos sin apenas reparar en ellos. Un ladrón convenientemente apercibido podría hacer de ellos toda una novela tan entretenida y simbólica como Los viajes de Gulliver o Erewhon.
Si Jonathan Swift y Samuel Butler plagiaron a William Blake en las novelas citadas, no cabe duda de que supieron convertir el plagio en arte y estamos dispuestos a perdonarles el robo.
Peor sería —y conocemos algunos casos recientes— que los ladrones ejerzan su oficio chapuceramente y no solo se les descubra y atrape con las manos en la masa, sino que además su copia sea una obra mediocre y digna de perderse en el olvido.