APOSTILLAS A ELOGIO DE LA MELANCOLÍA, DE GONZALO PULIDO CASTILLO, 2003 (VI)
Temática*: Poemas filosóficos y religiosos (1)
Distingo, entre los poemas filosóficos de Gonzalo Pulido, los de carácter moral y los de índole metafísica. Los primeros creo que obedecen a una praxis social y responden a las preguntas sobre cómo actúo frente a los demás o cómo les juzgo. Los segundos forman parte de una poesía meditativa y filosófica, que, en nuestro país, deriva tal vez de las Coplas de Jorge Manrique, pasa por Quevedo, por el bergsoniano Machado, por el krausista y kierkegaardiano Unamuno y seguramente por Cernuda y Valente, por citar solamente unos pocos. Se trata de una poesia que reflexiona de forma central sobre la muerte, el tiempo, Dios, el amor... y que suministra al pensamiento las respuestas teóricas que devienen finalmente en acción o en posibilidad de acción moral.
Los poemas religiosos, por su parte, tienen el propósito de iluminar desde la claridad de la fe las disquisiciones de la poesía metafísica y la actitud para con el otro que proponen los poemas morales.
(Una aclaración: no olvidemos que estamos hablando de un poemario, no de una autobiografía con pretensiones históricas, y que el poeta —narrador tras la máscara literaria— no representa exactamente al autor. Aunque exagero conscientemente cuando digo que lo mejor de un autor se halla en lo que escribe, con ello simplemente quiero denotar que el poeta narrador y el autor coinciden en el mismo cuerpo pero no siempre piensan ni actúan en la vida real de la misma forma, básicamente porque uno de ellos es producto de la ficción literaria).
Considero una presunción arriesgada hablar de un sistema de pensamiento a partir de 18 poemas de una breve antología de 50, pero sí se puede plantear una hipotesis inicial a partir de estos tres complejos temáticos: religión, metafísica y moral, estrechamente relacionados. Imaginemos la figura de un triángulo en donde el vértice superior, A, lo ocupan los poemas religiosos y los vértices o ángulos laterales, B y C, los poemas metafísicos y morales.
Comencemos por A. En sus poemas religiosos, Gonzalo Pulido Castillo, más propiamente dicho, el narrador poético interpuesto entre la obra y el autor, entiende a Dios como un Dios-con-nosotros, compasivo, y nunca lejano.
En 6. Siguiendo a Dios, leemos:
No vive entre las nubes el Dios que yo venero,
ni mira indiferente pasar nuestra tristeza;
comparte con nosotros la angustia del camino,
la risa y el trabajo la flor y la cosecha.
En 14. No temas a los dioses, el poeta expresa la convicción de que no hay que temer a Dios (a los dioses) porque «... Ellos saben / que estás hecho de barro y de nostalgia» y «... En sus manos / no germina la flor de la venganza». Es decir, que se apiadan de las debilidades humanas.
En el demoledor 36. Examen final, utilizando el recurso de la ironía, más kierkegaardiana que socrática, el poeta le pide a Dios que no le examine de amor, sino de la asistencia a procesiones, misas, comuniones, ritos, fiestas o del conocimiento de dogmas, historias de santos, himnos y canciones o de si ha sentido «efímera compasión / por el pobre, por el viejo, / por el que sufre en prisión / por los niños que se mueren / solo en el televisor». Y concluye:
Pregunta frivolidades,
porque me temo, Señor,
que no pasaré la prueba
si me examinas de amor.
38. El nombre de Dios es, ni más ni menos, un poema de fe, en donde el poeta manifiesta su personal convicción de que cuando llega el final de la vida solo queda en la memoria el nombre de Dios.
Por el contrario, 44. Dios calla, en agudo contraste, parece haberse escrito en tiempos de angustia religiosa, duda y zozobra:
¿Por qué sigues callado cuando mi voz te llama?
¿Por qué a mi grito amargo contesta solo el eco?
48. La tumba olvidada se trata de un poema complejo desde el punto de vista temático. Antes de nada es un poema religioso en donde se reivindica el perdón y la misericordia divina para el pecador arrepentido que yace en la tumba olvidada, pero, al mismo tiempo, se trata de un poema clásico, por igualar la catedral en donde se desarrolla el poema con el Olimpo cristiano y considerar al yacente casi como un heroe trágico, y también de una composición romántica por esa mistificación de la muerte que se desambigua y argumenta junto a una tumba.
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* - Erótico-amorosos: 3. Lo que quieras, 7. Deseo, 8. Calle sin nombre, 10. Playera, 12. Ángel lascivo, 13. Desesperado amor, 15. Amo y sufro, 16 Amor tardío, 18. Quisiera encontrarte, 20. Cariño fiel, 25. Soñador, 32. Afrodita.
- Lírico-románticos, melancólicos, autorreferenciales, yoísticos: 5. Flores en el agua, 21. Al atardecer, 22. Epitafio, 29. En la noche, 35. Otoño, 40. Nocturno, 41. Tarde de septiembre, 45. Desahogo onírico, 46. Como Jasón, 49. Balance de una vida y 50. Cínico.
- Cosmopolitas, cultistas, clásicos: 23. Florencia, 24. Plaza de España, 33. Griegos, 34. Fuente de La Granja, 37. Casandra, 43. Ansias de gloria, 47. Elegía heroica.
- Morales y sociales: 4. Dice un filósofo a un amigo suyo, 9. Poema interrumpido, 11. El borracho, 26. Esperanzas, 27. Encuentro, 42. Envidia.
- Filosófico-metafísicos: 2. Y al final, morimos, 19. Doblan campanas, 28. Fugacidad, 30. Hacia la muerte, 31. Despedida, 39. El paso de los días.
- Religiosos: 6. Siguiendo a Dios, 14. No temas a los dioses, 36. Examen final, 38. En nombre de Dios, 44. Dios calla, , 48. La tumba olvidada.
- Metapoético: 1. Mi poema.
- Festivo: 17. A una mosca.