TODOS DEJAMOS LA VIDA
—salvo si no sale a cuenta—
por causas de fuerza mayor
y a la voluntad ajenas.
Y a la voluntad ajenas,
llevados por el destino
y obligados a empujones
a salir del laberinto.
A salir del laberinto
y dejar el vaso a medias,
sin comprender el motivo,
las prisas ni las maneras.
Las prisas ni las maneras.
Sin acabar la lectura,
marcharé a otra biblioteca
(algunos así lo aventuran).
Algunos asi lo aventuran
y afirman que hay dos porteros:
Cancerbero a uno nombran,
al otro le llaman Pedro.
Al otro le llaman Pedro
esos que otra vida esperan,
sin saber si habrá porteros,
lecturas ni bibliotecas.







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