Prólogo a la 2ª edición (II) - "un payaso mil payasos" de Nicolás Rodríguez Martín
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CONTENIDO
Tema
En definitiva —si ampliamos la mirada—, un payaso mil payasos se trata de un libro de poemas de ingenio, de talante filosófico-existencial, con pinceladas metafísicas y religiosas, cuyo protagonista lírico, escindido e integrado al mismo tiempo por el payaso y el poeta, por el tópico literario del deseo versus la voluntad y la realidad, es un ser dual, contradictorio, que debe negociar permanentemente la paz consigo mismo y con el mundo.
Efectivamente, un buen número de coplas de un payaso mil payasos pueden considerarse filosóficas o existenciales en el sentido de que el narrador lírico creado por el autor expone —aunque en términos empíricos y poéticos—, una explicación/descripción del yo, de la vida/camino/destino, de la libertad inocente y sin culpa del payaso, del tiempo y del mundo; otra parte muy nutrida la ocupan las composiciones religiosas que invocan a Dios o aluden a su poder o a su lejanía; un tercer grupo consiste en poemas dedicados a la búsqueda incesante del amor, generalmente sin éxito; otra muestra más de textos recoge inquietudes y emociones tales como la aspiración del narrador de llegar a ser payaso, la tristeza unida a la sonrisa, el sentimiento de pérdida o derrota… una penúltima fracción podríamos calificarla de metapoética, relativa a la composición de versos y al canto y el resto se distribuye entre diferentes temáticas, como la crítica o burlesca —que forma parte más de un estilo irónico de escritura que de un contenido propiamente dicho—, siempre en relación con otros subtemas.
Sirviéndonos de la propuesta de Greimas, podríamos añadir que Nicolás se vale de los roles actanciales del payaso (destinador, ayudante y objeto) y del narrador lírico (sujeto, destinatario y oponente), los cuales presenta al lector vestidos con el disfraz formal —declarativo— propio de los «poemas de ingenio».
El protagonista lírico destinador del poemario un payaso mil payasos tiene su origen histórico en el tópico del bufón, personaje simbólico, contrahecho, ridículo o grotesco, que nos hace reír con su ingenio, y que hallamos históricamente junto a reyes y poderosos a los que se atreve a decir lo que a nadie le estaba permitido. Para Juan Eduardo Cirlot (Diccionario de símbolos, ediciones Siruela, 2ª ed., 1969), el bufón «es la inversión del rey, por ello este personaje se relaciona con la víctima sacrificial de ciertos ritos» […]. Y añade en otro momento: «Como el bufón, el payaso es un personaje místico: la inversión del rey, del poseedor de los poderes supremos, y por ello la víctima elegida en su sustitución».
En consecuencia, este poemario escrito en versos de arte menor contiene o promete ya desde el título una enorme carga simbólica, existencial y mística o metafísica. En efecto, Cirlot, citando a Schneider —El origen musical de los animales-símbolos en la mitología y la escultura antiguas, Barcelona, 1946. [Siruela, Madrid 1988]—, considera que el bufón «es el ser terrestre que corresponde a Géminis; no es un personaje cómico, sino dual como aquel al que representa. Dice en tono duro las cosas agradables y en tono jocoso las terribles».
También es notoria la influencia formal y temática de Antonio Machado a quien glosa y cita directamente en algunas composiciones: (28, 110, 150).
En un payaso mil payasos —como en El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde (1886), la famosa novela del escritor británico Robert Luis Stevenson— existen dos personajes principales: el narrador lírico y el viejo payaso que vive en él y cuyas características, emociones y costumbres describe el poeta. Al contrario que en la novela citada, ambos personajes se ponen esta vez de parte del payaso —inofensivo señor Hyde— y en contra del narrador que representa al hombre común socializado y dócil. El conflicto —sin conflicto no hay texto literario y, en consecuencia, poema— estriba, pues, en que el payaso «es» quien desea ser y el otro —el narrador— «no es» lo que desea. Solo de pasada, citamos aquí el «doble» o el «otro»: equilibrado, afable y complementario de su admirado Borges, que tampoco representa cabalmente, en este caso, el rol pasional y libertario de su payaso.
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El payaso es la infracción,
lo absurdo la libertad,
la noche el amanecer,
lo próximo el más allá.
El poemario, decíamos, se desarrolla alrededor del mencionado conflicto, verdadero y principal eje temático que reformula el conocido tópico literario del doble y de la oposición entre realidad y deseo sin resolverlo, al menos en el plano existencial en que se plantea. Una de las razones de tal irresolución tal vez estriba en el plano de las oposiciones, que en el poemario se establecen siempre entre realidad y deseo y nunca entre deseo y voluntad. Pero esta línea de análisis se alejaría palmariamente del objeto de este prólogo y no la emprenderemos.







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