Prólogo a la 2ª edición (III) - "un payaso mil payasos" de Nicolás Rodríguez Martín
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Protagonistas y argumento
No pretende Nicolás, como anticipa desde el propio título un payaso mil payasos, crear una cosmogonía exacta y única del payaso sino muchas, no un solo mito sino múltiples mitos.
Las coplas octosilábicas de este poemario comparten con las piezas tradicionales de la literatura oral y popular el hecho de que el payaso, como los héroes de los romances, vive y sobrevive en sus variantes. En efecto, el payaso o los payasos de Nicolás (más que héroes, antihéroes) presentan, al mismo tiempo y entre sí, características comunes y diferenciadas, convergentes y divergentes. Así, el payaso protagonista (los números entre paréntesis hacen referencia a las canciones) está hecho unas veces de carne de ángel (1), otras de tierra (40), de ceniza por la noche y por las mañanas de fuego (41), es ciego de nacimiento, pero capaz de guiar a la luz (55); puede ser alternativamente mujer o varón (102), ángel de la guarda (239), niño que estuvo esperando al ángel (424), no tiene nombre, pero su nombre es Nicolás (5, 288), etc.
También el narrador lírico es ambiguo con respecto a la orientación del camino que emprende el payaso (símbolo del destino): no sabe volver atrás (38), aunque finalmente vuelve (83) o camina sin rumbo (73) pero navega con osadía y llega a puerto (126). Por otra parte, no sabe contar (70) pero cuenta sin parar olas, sueños (13) y versos (70)...
No obstante, todos los payasos dan por sentado que Dios existe (105), aunque se quejan de su lejanía (89) y abandono (315); saben pocas cosas (100, 140, 161, 319, 334) o no saben (3, 42, 63, 238, 248, 350…), cantan sin saber cantar (15, 30, 32, 130, 223, 311), se enamoran (19, 20, 62, 66, 68, 75, 78, 111, 225, 236, 381, 409, 414, 419, 421, 422), pierden en el amor y en la vida (56, 66, 205, 265), se suicidan para seguir viviendo (80, 114), desean vivir (124, 144, 157, 184, 334, 374), lloran cuando sonríen (145, 259), escriben versos (7, 24, 51, 53, 70, 98, 110, 122, 127, 171, 174, 191, 226, 227, 255, 308, 429) y son todos, en definitiva, insultantemente libres (60, 67, 76, 113, 130, 183, 301, 312, 321, 336, 410).
Las dos partes en que se divide un payaso mil payasos presentan características distintas desde el punto de vista argumental y narrativo. El personaje del payaso evoluciona y cambia a lo largo del tiempo de la narración poemática. En la primera sección, el payaso de Nicolás se muestra como un payaso de rasgos predominantemente líricos, asociados al niño y al ángel, es decir, inocente y bueno, que recuerda al Pierrot de la Comedia del Arte italiana, enamorado no correspondido, y al augusto posterior, bobo y triste. Dicha sección contiene, además, otra subdivisión desde la copla 192 hasta la 223. Se trata de una parodia (un guiño cómplice, glosa o «plagio» lo define Nicolás) alrededor de treinta y una de las composiciones de Contra la poesía, plaquette o cuaderno de poemas del autor de este prólogo, que Nicolás lleva al terreno de su payaso.
En la segunda parte, se acentúa poco a poco (aproximadamente hasta la copla 400) el carácter desobediente y díscolo del payaso. A partir de aquí, incluso antes, se observa claramente la drástica transformación del payaso de Nicolás. En las casi treinta últimas canciones predomina ya el bufón nítidamente perfilado, el clown desinhibido, a veces amoral y escatológico, impertinente y rebelde.
En cuanto al narrador lírico (sujeto y destinatario), este describe la relación simbiótica o recíproca entre el payaso (objeto y destinador) y él a través de una «mirada» que le construye (8) y de un doble «cuerpo» común o «vivienda» en donde ambos se habitan. El payaso observa (3) al narrador lírico desde otro mundo, pero si los dos se despiden de sí mismos, ninguno de ellos puede ya estar (9). En otro momento (aunque en la copla 72 dice que no conoce al payaso), el narrador asegura que vive con él —le vive— (51) en lo hondo del pecho (41) y que desde niño continúa siendo su amigo (16). Por añadidura, el narrador es libre si deja salir al payaso (60), pero cuando se hablan no están de acuerdo (51). Sin embargo, si hieren al payaso, el otro le hace un nido de sonrisas (58). El narrador cree que los payasos son necesarios para la vida y la sonrisa (142) y que todos estamos en su isla azul (137). En otras composiciones admite que existen muchos payasos, pero están todos en él (21, 49) o todos menos uno (37). Como el payaso, el narrador invoca a Dios (1, 2, 24, 26, 48) y se queja de su lejanía (81, 85). Para ser feliz (11) y llenar su vacío (12), se viste de payaso (11), a poder ser con los harapos de un niño (35). No sabe si podrá llegar a ser el payaso que anhela a ser (17, 18, 45) desde niño (149), entre otras razones porque alguien le borra siempre de la lista, (151). Desea sufrir y soñar como el objeto de su deseo, el payaso (39), y, entre tanto, hace versos (24) y canta por si al fin aprendiera a cantar (30, 32).
La duplicidad o dualidad (en este caso entre el narrador y el payaso) forma parte habitual de las estrategias de las obras de ingenio. Representan el juego, la trampa, el laberinto, la ambigüedad, la burla, el fingimiento, la teatralidad, la ficción, la mentira o la ironía propias de estasccreaciones.
174
Los versos de mi payaso
no tienen pie ni cabeza
que son sólo corazón
aunque nadie los entienda.
295
Alguien te descubrirá:
no eres bueno mi payaso.
Mucho verso, pocas nueces;
no se puede mentir tanto.
Nicolás emplea la ironía —en diálogo consigo mismo— más como recurso literario que como método socrático de indagación. Al contrario que al filósofo ateniense, la ironía no le conduce exitosamente a la sabiduría o a la certeza sino —todo lo contrario— a la derrota constante y a la duda.
En más de veinte poemas utiliza las expresiones «no sabe» o «nadie sabe». Por ejemplo, el payaso de Nicolás no sabe que siempre es hoy (3), no sabe cantar (15), no sabe llorar (42), no sabe por dónde va (64); en definitiva, no sabe la verdad (133).
133
Si supiera la verdad
mi payaso os la diría,
pero como no la sabe
habla menos cada día.
Recordamos que el narrador en primera persona de un payaso mil payasos
es el yo lírico en donde vive el payaso y no propiamente el payaso.
Aunque comparten el mismo cuerpo, no comparten el mismo plano de
voluntad. El payaso ejerce absolutamente el libre albedrío, en tanto que
el yo lírico —que el poeta llama a veces Nicolás (5, 288), Martín
martín (294) o Rodríguez (291)— no lo pone en práctica con la misma
pasión por razones que no explica.







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