Prólogo a la 2ª edición (V) - "un payaso mil payasos" de Nicolás Rodríguez Martín
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Recursos literarios
Como sabemos, los recursos literarios pueden clasificarse en recursos morfosintácticos, fónicos y léxico-semánticos.
Recursos morfosintácticos
Entre los recursos literarios de tipo morfosintáctico que juegan con la estructura de la oración o la forma de las palabras destacamos, en primer lugar, el predominio de la estructura trimembre (tres enunciados) de muchas de las coplas de Nicolás, que alterna con esquemas bimembres y, en ocasiones, cuatrimembres.
Esta disposición paralelística propia de las sentencias y refranes populares —tan afines a la copla— persigue diferentes objetivos (refuerzo, oposición o ambos a la vez). Extraemos tres ejemplos, los primeros de estructura bimembre y el tercero, trimembre: a) con la intención de reforzar (concluir): Atesora mi payaso / el rescoldo que fue llama. / Ay, cualquier pequeño amor / es una gran esperanza (409); b) con el objetivo de oponer: Se mueve el circo del mundo / con el ritmo del reloj, / se equivoca mi payaso / al ritmo del corazón (31) ; c) con el propósito de reforzar un enunciado y oponerlo a otro: Seguro que volverán / las golondrinas de Bécquer, / las de mi payaso no, / esas están nunca vuelven (427).
Es evidente que las coplas más complejas de estructura trimembre (como la del último ejemplo) expresan una mayor riqueza semántica, cuyo efecto estético incluso aumenta cuando al recurso literario de la acumulación se suma el de la oposición.
Es llamativo el empleo por parte de Nicolás Rodríguez Martín, en muchas de sus coplas, de hasta cuatro verbos (a veces repetidos), uno por cada verso, lo que imprime una gran vivacidad y caracteriza al sujeto de sus enunciados por sus acciones o/y por su estado.
Un recurso morfosintáctico al que el narrador acude con frecuencia —que pensamos motivado e intuitivo— lo constituye la omisión de la coma. Un ejemplo relevante de ello lo encontramos en la copla número 336 antecitada, aunque podemos hallar bastantes más. La razón creemos que estriba en el carácter esencialmente fónico que Nicolás otorga a la lectura del poema, cuyo ritmo —más lento o más rápido—deja en esas circunstancias en las manos o en la voz del lector.
Nicolás utiliza el hipérbaton en momentos puntuales, con la finalidad principal de ajustar el verso a la rima o al cómputo silábico: De hombre tengo la envoltura (12), No sé si podré llegar / al payaso que ser quiero (17), a payaso me apunté (18).
También se apoya con asiduidad en la derivación (políptoton o polipote), que consiste en reiterar en una estrofa o en un poema, diferentes flexiones morfológicas de una palabra: Tate, tate, payasico, que no llegas ni a payaso (7), Perdonad a mi payaso porque no sabe cantar, / perdonadlo y perdonadme (15), etc.
El poeta se vale a veces de la elipsis omitiendo elementos de la oración que se sobreentienden por el contexto. Así le da fluidez y énfasis a los versos y valor sugestivo a los enunciados: los ángeles visten alas, / los payasos corazón (21); Científico mi payaso: / doctor en las inexactas (407).
La anáfora es otro de los recursos favoritos aplicados por Nicolás. Escogemos un par de ejemplos al azar: Duro jergón, mi payaso, / ay, quién de él nos librará, / jergón de los tristes años, / jergón de la soledad (254); Tanta prisa, mi payaso, / tanta prisa por llegar (293).
En otros momentos, el poeta emplea la anadiplosis: El payaso que se esconde, / se esconde para llorar (10); Hoy viene casi desnudo, / desnudo y libre el payaso (312). En otras circunstancias utiliza la epanadiplosis: Finge el payaso que finge (143); llego con él cuando llego (182); Cancionero, cancionero (311); juegan los payasos juegan (335). O los dos recursos mencionados, en concatenación: Pasan los minutos pasan, / pasan las horas sin fin (339).
Recursos fónicos
Dentro de este tipo de recursos, destacamos el uso repetido de las interjecciones «ay» (en catorce ocasiones) y la quijotesca «Tate, tate» (en tres), prescindiendo de los signos ortográficos de exclamación para aliviar el excesivo énfasis: ay, ya llegará el invierno (79); ay, mi payaso sin cruz (160); ay, en esto del amor (381)... «Tate, tate» , exclamación cervantina y quijotesca que significa «cuidado», aparece en 2, 7 y 71.
Cuando se vale de la aliteración, lo hace unida, en general, a la anáfora, que ya citamos en el apartado anterior. En alguna ocasión, con fines humorísticos, emplea el calambur: Científico mi payaso: /doctor en las inexactas, / idiota feliz, mendrugo, / titulado por Lo_vaina. Hay onomatopeya en Tictac, tictac el reloj (236) y paronomasia en dice algunas veces: ola (253).







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