SOLO MENSAJES DE TEXTO
Hastiado de que tantos malinterpretaran sus palabras cada vez que charlaba con ellos, en la última campanada de Nochevieja formuló el deseo de dejar constancia de todo lo que conversaba por escrito. Así fue. A partir de entonces, en su vida diaria, en lugar de hablar, se comunicaba con la familia, los amigos, los conocidos y desconocidos por medio exclusivamente de mensajes de texto. Eso sí, mientras tecleaba en el móvil, tomaba la precaución de mirarles directamente a los ojos (sin pestañear) y evitaba gestos equívocos con el rostro y las manos para no dar lugar a malentendidos.






