Narciso y el smartphone
Se imaginaba tan hermoso y perfecto que cualquier otra cosa en el mundo (salvo el dinero indispensable para mantener el tipo, el fondo de armario y los cosméticos antiedad) le resultaba indiferente e insípida. A veces pensaba estar enamorado, pero en verdad sólo alcanzaba el éxtasis y el placer sumo cuando encendía el móvil y activaba la opción de voltear la cámara hacia sí mismo.
Se me objetará tal vez que el uso constante podría recalentar la batería sin que nadie lo desee y provocar que el smartphone estalle en algún desgraciado momento y le cause un estropicio a esa cara bonita o, peor, que le arranque la cabeza y le convierta en un mortal y sui generis Adonis de Milo. Puede ser.






