Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

Ver las obrasSobre el autor

Último libro

Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

Comprar en Amazon

Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

Las 34 obras, con dónde conseguirlas →

Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

Todos los premios →

Contacto · Cuaderno (archivo del blog)

La caja de las ánimas

Que la muerte nos iguala a todos —ricos y pobres— es verdad; que el funeral nos desiguala, también. Tal vez consuele a los más desfavorecidos pensar que el protagonista y principal agasajado en la fiesta está como ausente y que ni le importan ni le dejan de importar los elogios ni los vituperios, pero nadie negará la evidencia de que los funerales de los ricos son mucho más vistosos y que sirven en ellos —según dice la leyenda— mejores canapés.

Contaba mi madre que, antes de nacer ella, los pobres no tenían dinero ni para comprar un triste féretro. Existía entonces lo que se conocía por la caja de las ánimas: un cajón de madera de mala muerte —literalmente—, pintado de negro, que el Ayuntamiento o la Parroquia ponían a disposición de la familia. En aquel recipiente precario, acomodaban temporalmente al difunto hasta que se presentaba el cura en la vivienda, acompañado de un monaguillo. Si había hombres para cargar al finado, lo cargaban; si sólo había mujeres, el carromato de la basura, tirado por mulas, se bastaba y sobraba para conducir los restos al cementerio. La comitiva, precedida por la autoridad eclesiástica, se detenía en la llamada "cruz de los muertos", al pie de la cual se rezaba un responso. Después, reanudaba la marcha al camposanto hasta alcanzar la tumba. Una vez allí, extraían el cuerpo de la caja de las ánimas y le daban sepultura, vestido con la mortaja.

Si el difunto no tenía familia, no era raro que le dieran el último viaje en el primer transporte que encontraran a mano. Ese fue el destino de una pobre vieja a la que condujeron hasta el cementerio sobre una escalera de pintor. Otras veces, los deudos recorrían el vecindario con un pañuelo en la mano y reclamaban una caridad para poder pagar al carpintero las tablas de uno o varios cajones de embalaje con los que improvisar un féretro, al que luego había que oscurecer con pintura barata. Algunos aprovechaban y pedían también para una misa de difuntos que no siempre celebraban, pues, en aquel tiempo, el hambre era mucha y los caudales pocos: "Con un melón no se llena el serón", solía escucharse entonces.


Comentarios

  1. Comentario a:
    LA CAJA DE LAS ÁNIMAS.

    Me ha gustado esta reflexión sobre la muerte. No tanto por la muerte en sí, sino porque esas historias de las cajas de muerto de los pobres; a mí, no me las contaba mi madre, sino que las he vivido personalmente por mi larga trayectoria en "años" - que no, por sabiduría -.

    Leyendo el artículo he recobrado mi memoria histórica que ya había olvidado. ¡Gracias por lo que aprendemos de usted, y que al mismo tiempo se retrasa en los que somos ya de abanzada edad "la demencia senil".

    ¡Pobres niños muertos en aquella época, cubiertos de jazmines, de pobres mortajas, de cajas de madera pintadas de azul y rosa para luego devolverlas después de darles sepultura en el corazón de la madre tierra y regados con lágrimas de madres hambrientas!

    Gertrudis Ruiz.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

«El testimonio del silencio: Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina» (9 de agosto de 2025) - Una novela de Francisco C. Ayudarte Granados

El caballo de siete colores (1848). Cuento de Juan de Ariza (Motril, 1816 - La Habana, 1876)

La princesa del bien podrá ser (1848). Cuento de Juan de Ariza