BAJO UN CIELO INFINITO
Bajo un cielo infinito y despejado,
una mujer camina, sin rumbo fijo.
Sus pasos, ligeros y cansados,
dejan huellas efímeras en el sendero polvoriento.
A su alrededor, el paisaje se desdibuja,
mezcla de colores suaves y formas borrosas.
Las sombras se alargan, bailan y murmuran,
contando historias de tiempos postergados.
En su mano, una brújula rota,
aguja que gira, sin norte ni sur.
Sus ojos, cansados, buscan respuestas,
en un horizonte que se aleja, inalcanzable.
No hay dioses aquí para guiarla,
solo el viento que acaricia su rostro,
y la esperanza, frágil y persistente,
de encontrar un lugar al que pertenecer.
El sol se oculta, dejando un rastro de fuego,
y ella sigue adelante, sin miedo ni dudas.
Porque en su corazón late la certeza,
de que, aunque extraviada, este es su camino.







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