LOS DEDOS TUVIERAN
de noche con café, de vainilla con plátano,
y, libres, tienen la torpeza de un gato viejo;
tuvieran un año, toda una vida sin su pantalla táctil
en donde las estaciones desciendan
de la lluvia o el viento
y fueras la tostada en que el sol embadurna
su mantequilla con sal...
Cuánto te querría si no te quisiese tanto!
En mi adiós, digo adiós a lo que ya no está:
la habitación, la casa, la calle, la ciudad,
y nada existe en donde asir el recuerdo.
Me marcho poco a poco al olvido en donde no vive ya nadie.






