El Emperador alejado
Retiraron seda y cera de su cabeza y le devolvieron la vista y el oído en la grandiosa Sala de Audencias. En seguida, le concedieron unos instantes para recuperar la integridad de sus sentidos y templar el ánimo alterado por la magnificencia y maravilla de aquella estancia que sólo unos pocos agraciados habían podido contemplar.
Antes de pasar a tratar los delicados asuntos de Estado para los que había sido requerido, el embajador ponderó los títulos y cualidades de Su Majestad Imperial, cuya figura envuelta en tejidos relucientes se adivinaba al fondo de la Sala. El traductor iba y venía apresuradamente de un extremo a otro del fastuoso recinto, haciendo y deshaciendo los quinientos pasos que les separaban.
Cuando el representante del reino vecino le preguntó cortésmente al Soberano cuál era el secreto de su avanzada edad, el recadero real, casi sin aliento y a la carrera, le trajo la respuesta:
—El Señor de los Diez Mil Años manifiesta que hay que ver sin ser visto y mantenerse alejado de amigos y enemigos. Nunca se sabe cuándo cambiarán de bando.
Entonces, el funcionario comprendió que el astuto Emperador había descubierto el enésimo complot para derrocarle. La secreta empresa que le confiaron se había malogrado y su propia vida dependía ahora de las alejadas y magnánimas manos del Señor de la Larga Vida.








Me gusta mucho, me ha recordado a una película china que se llama Hero, que te recomiendo.
ResponderEliminarUn saludo, es un placer leer tus escritos diariamente.