EN EL TRAJÍN URBANO Y MERCENARIO
un guiño cómplice, bajel pirata,
alivia el tedio del vivir diario.
En medio del bullicio solitario,
un murmullo de versos me rescata,
y el eco de un vocablo me desata
de la monotonía y su calvario.
¡Oh, pequeñas delicias de ciudad!
Imperceptibles dones, movimiento
que aviva el alma y acelera el paso.
A la sombra de un banco, en soledad,
un aroma sutil, un suave viento,
transportan de la calle hacia el ocaso.







