¿CÓNCAVA O CONVEXA?
Después de acordar el lugar de encuentro, las armas a utilizar, el turno de disparo y cerciorarse de contar con los testigos necesarios, los duelistas se presentaron en el cementerio, un escenario tan apropiado como cualquier otro para este tipo de disputas intelectuales. Frente a un nutrido e imprevisto grupo de curiosos, apuntaron con precisión matemática y, con una dosis de suerte notable, lograron herirse mutuamente, pero sin consecuencias fatales.
Ante la necesidad de un segundo turno de disparo, ambos contendientes se encontraban tan maltrechos que reconsideraron la situación. El ofensor retiró su despectivo epíteto de majadero y el ofendido aceptó las disculpas, en un acto de sensatez que dejó a los testigos y espectadores divididos: por un lado, se alegraban de que ambos hombres regresaran sanos y salvos a sus hogares, pero por otro lado, quedaban en ascuas sin conocer quién tenía la razón en tan apasionante discusión geométrica.







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