Como un viejo periódico olvidado
en el desván lejano del invierno,
vuelve el tiempo amarilla la memoria
sentada en una silla polvorienta.
Nos perdimos adentro de la casa
mientras mirábamos el cielo
—alcanzaban los ojos las estrellas
y las manos prendían el vacío.
Nuestros sueños golpean los riñones
como golpea el mar sobre las rocas
y modelan el perfil del precipicio,
del extenso desierto adonde escapan.
¿Qué queda de la bomba de la vida
tras hacernos saltar en mil pedazos?:
¿fragmentos de metal y de metralla?,
¿un puzzle de recuerdos y de vísceras?
Mas la esperanza se quedó en la caja
y vivir dice que valió la pena.







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