VERSIONES DEL VALOR
Alguien, en la antigua Bagdad, no se sabe el año, refirió por primera vez esta leyenda de la que ahora se conocen diversas variantes escritas.
Un rey en extremo violento o un maestro harto severo persiguió, armado con una cimitarra tajante o con un vergajo de buey y malas intenciones, a un pupilo díscolo o a un súbdito desobediente, por todo el patio del castillo o de la escuela. Se contó que lo alcanzó al final de un muro de piedra o de un seto impenetrable, donde el acorralado, en un acto de desesperación, con los puños o con un palo que tomó de un haz de leña oportunamente a mano, le hizo frente. El cazador quedó tan admirado del valor de la presa que le perdonó al instante.
Otra versión de esta historia refiere que el acosador, como todos los valentones, no era más que un perfecto cobarde y solo el saludable o precautorio temor a la reacción animosa y aguerrida del pupilo o del vasallo le movió a perdonar la supuesta ofensa, de cuyo motivo jamás dio cuenta ninguno de los narradores.






