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Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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Último libro

Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

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Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

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Todo me dice que no escriba poemas

TODO ME DICE QUE NO ESCRIBA POEMAS Todo me dice que no escriba poemas: el pavimento que trepida, el safari de los días, el cortés impuesto del saludo, las hormigas urbanas que galopan histéricas, la serpiente venenosa de las colas, el tartamudeo de las siglas, la propaganda y su papel higiénico, las máquinas tragaperras que huelen a furcia, el néctar de plástico de los centros de mesa, la fístula de la capa de ozono, el color armado de las razas, los mítines que anestesian, la fosa séptica de los mares, el mercado del arte y sus verduras, la frigidez de las discotecas, las imágenes sin palabras, el humo negro de las guerras que no acaban, el estómago vacío de los que nada valen porque nada compran, la experta soledad que tenemos de la vida...

Y aún así escribo poemas

Y UN ASÍ ESCRIBO POEMAS Y aún así escribo poemas, y aun así todo lo que lastima es un verso herido; todo lo que ríe, una metáfora que estalla. Y aún así la poesía florece en el veneno del aire, en la prisa lenta que nos viaja, en la incógnita que saben tus cromosomas ya desde el agua. Y aún así la poesía desayuna en bares atestados y mugrientos, nos llama desde los televisores cuando empiezan los concursos, diseña pintadas en los muros del colegio, desnuda su voz en mitad de las balas, telefonea a un desconocido y prepara la cena. Y por eso hoy quiero bajar a la poesía de su peana, apearla del caballo y de sus rosas, montarla en la autopista y el silicio, subirla a la estatura de los tiempos, darle zapatos y problemas, y luego... escuchar su voz a ver qué cuenta.

Aterriza el día

ATERRIZA EL DÍA Aterriza el día su abatido bombardero intacto de trilita y bilis rubia. Sucio de horas, el piloto prende la bandera blanca de una cerilla y gira el mando para que dos azules y naranjas alitas emprendan su místico vuelo de propano. Después arroja los heroicos calzoncillos a cualquier parte y, desnudo de anuncios, sumerge su animal herido en la filogénesis nutriente del agua. Mecido tibiamente, levitando líquido en la cuna rosácea de la bañera, el piloto contempla resignado su virilidad inocente flotando entre dos saquitos redondos de aire, pensando si no se los volará mañana el enemigo, si la velocidad de las balas, la ley de mercado, serán más rápidas que el instinto opaco de su nómina, el metálico sueldo de la contienda urbana más allá del agua y de sus alas.

Comprendo

COMPRENDO Comprendo que lo urbano impregne todo, que ninguna vaca transite sus majestuosos andares y su entropía de boñigas esponjosas por la calle, que todo el horizonte sea dulce hálito de hormigón envenenado. Entiendo que el perfume a nicotina, el disfraz de ambientador aleve que vestimos en la piel, la golondrina de asfalto en que viajamos sean el estado natural del hombre que se piensa humano. Comprendo que la perspectiva isósceles, los planes de ordenación urbana y su trapecio pinten un cuadro azul de cielo en los caballetes vecinales y clementes de los parques, que nos desbrave su dócil volumen de cubos y jardines mansos. Entiendo esta unánime soledad anónima de ojos que se driblan como tímidos delanteros, que disparan sin avisar a la nuca de los días, que de noche habitan la tregua de un café, el tierno animal de otra víscera urbana. Comprendo.

Subiendo la mañana

SUBIENDO LA MAÑANA Subiendo la mañana torva, el viento gris que dobla las esquinas, los fustes quebradizos de las ramas azules ahogadas por la arena, mientras los ojos se sumergen bajo la hora glacial de las auroras, la ciudad despierta ese brusco ademán de prisas, solitario, anudado a la luz de las aceras, a las tazas de café donde se enrola, vestida todavía de pijamas. Al tiempo que sacudo el cigarrillo, bajo el humo ceniciento de las nubes, se extiende de improviso por mis piernas el sabor nostálgico a reposo de sillón y zapatillas, el vado permanente de tus ojos donde aparco los quilómetros del día, la tristeza inútil de las ruedas que me llevan por el plano asfaltado y contingente de la vida. Sobre los zapatos obedientes, laborales, donde el cuerpo traza el urbano callejón que le incomoda, que se aviene a la punta de los pies como una piedra, dejo atrás lo que era el mundo a cada paso, lo que pierdo de mi vida en cada gesto, y gano espacio, poco a poco, a la mañana.

Si el amor alzado

SI EL AMOR ALZADO Si el amor alzado evoca una promesa en sus recuerdos, si camino espantado el tiempo que descubro, el reino de semáforos que contigo gobierno, todo se precipita en las aceras, como volver de pronto la espalda y sentir en los dedos el desorden metálico, doblemente, en las horas del barrio. Y ante todo, yo me habito a veces... más allá de presentirte te escucho hablar debajo de mi pecho, porque has invadido la intimidad de la distancia, desde los sueños y el insomnio, bajando un silencio, un estruendo amargo, ese mantel reunido que los besos dibujan entre el vértigo. En la seducción distinta de los nombres, lejos de los vientos y los mástiles, para conocer la niebla de tu cuello, invitabas a la vida, como un huésped, eligiendo el temor de presentirme de nuevo en otra voz, rodeados por la arena terrible de las noches. Fue como si viviesen los días bajo un puente ajeno que las manos construyen sobre el ti...

Alto corazón de tierra

ALTO CORAZÓN DE TIERRA Alto corazón de tierra con sangre en las venas de los muros estas casas que duermen su silencio con ventanas, que se pierden en la sed de las ciudades como peces que se asfixian en la playa, bajo el farol orlado de mosquitos, y estrellas apagadas en el techo, y nubes violetas o murciélagos chillando al aire urbano de la plaza. Alto corazón de tierra entre las sombras. Sobre la sed despierta ya no bailan las luces de la feria ante los ojos, la redonda noria atormentada, sus cangilones alegres, las casetas brillantes de la fiesta invitando al regreso. Nada nos llama en esta calma, los números y los timbres de las casas sólo invocan el recuerdo de otros seres solitarios, arropados en paredes, que acaso olvidan su desamparo en sueños, o tal vez sueñen que alguien se pasea entre los grillos y toca el timbre de sus puertas, y los nombra. Todo importa, hasta los cables de teléfono volando sus ser...