EN VOZ DE UN CRUZADO
Alzar altas las manos
a los cielos, hacer volar los ruegos
y así encender los fuegos
en las almas han sido intentos vanos.
Pero estas decepciones
no han llevado a mi Dios hacia el olvido.
Al revés, he asumido
el precio de aceptar mis convicciones.
Yo emprendí una cruzada
armado por la gracia y fe divina,
para imponer por fuerza su doctrina
(sin ti y mí Dios no es nada).
Y aunque no hablan ni hablaron
nunca los dioses mudos de algún culto,
yo perdono el insulto
pues la verdad de aquel modo mostraron.







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