Motril (Granada), 1958
Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).
Último libro
El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025
El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.
Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).
Algunos libros
Migas de luzPoesía reunida, 1979-2020
NoctámbulosSonetos
Historias de lo cotidiano y lo inesperado IICuentos
PekoreaHaikus y haikudillas
EspejismosCuentos escogidos
Poesías líricas de Juan de ArizaEdición y estudio
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Premios recientes
- 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
- 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
- 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
- 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)
Platón proscribe la poesía de la República ideal por no ocuparse del «deber ser» y Aristóteles se propone simplemente describir la poesía en su Poética.
Esto se debe a que la posición sobre la verdad en Platón es normativa —su filosofía moral se ocupa sobre todo del «deber ser», mentras la filosofía natural de Aristóteles tiende, por el contrario, a la descripción de las cosas tal y como son.
Estas dos actitudes, en cierta medida contrapuestas —coercitiva una y más flexible la otra— se prolongan en el tiempo, representadas por distintos prosodistas.
Por ejemplo, en el siglo XVII, con respecto al empleo de las licencias poéticas, el humanista murciano Francisco Cascales (1564-1642) adopta un método y una posición aristotélica.
Así, en relación a la sinéresis, Cascales, en sus Tablas poéticas (1617) observa y describe —sin cuestionar— el uso que de ella hacen Garcilaso, Boscán y los poetas renacentistas castellanos.
Recordemos que la sinéresis es una licencia métrica que reduce a una sola sílaba, dentro de una palabra, vocales contiguas que se suelen pronunciar en sílabas distintas.
Para Cascales, las licencias poéticas no obligan a ningún poeta a usarlas, pero tampoco encuentra razones fundadas para que algunos tratadistas —al parecer depositarios del arte de la prosodia— dicten a los poetas normas estrictas y prohibitorias acerca de su empleo.
En el artículo En torno a un pretendido vicio prosódico de los poetas hispanoamericanos, publicado en el Boletín del Instituto Caro y Cuervo, 4 (2). pp. 321-341. ISSN 0040-604X (1948), el prestigioso ensayista dominicano Joaquín Balaguer (1906-1966) completa la doctrina de Cascales sobre la sinéresis señalando que ésta se utiliza al inicio y en mitad del verso y queda proscrita en el final y en los lugares en que coincide con uno de los acentos predominantes; es decir, en el caso del verso endecasílabo se descarta la sinéresis en 6ª sílaba o en 4ª y 8ª y jamás, como se ha dicho, en 10ª.
En opinión de Balaguer, la práctica de los poetas españoles que escriben tras la adopción del gusto italiano por Boscán y Garcilaso demuestra el acierto y lucidez de Cascales. Garcilaso utiliza, por ejemplo, en su Égloga segunda, veintinueve veces la sinéresis en el grupo «ía» (que consideran forzada otros tratadistas) al inicio o en mitad del verso. Balaguer encuentra muchos más ejemplos ilustrativos empleados por otros reconocidos poetas como Cervantes, Góngora, Espronceda o Juan Valera.
Como curiosidad reproducimos algunas de las sinéresis en «ía» que Joaquín Balaguer señala en esta renombrada Égloga Segunda:
Podrían tornar de enfermo y descontento... (v. 16).
Seguía la caza con estudio y gana... (v. 78).
Que della un punto no sabia apartarme... (v. 181).
Que vía volar aquella banda amiga... (v. 250).
Todos venían al suelo mal su grado... (v. 257).
Seguíase lo que apenas tú barruntas... (v. 271).
Parecía que mirando las estrellas ... (v. 272).
Rompía con gritos ella, y convocaba... (v. 276).
Venía por nuestra mano, y la cuitada... (v. 294).
A conocer mi mal tenía el intento... (v. 456).
Vería de aquella que yo tanto amaba... (v. 471).
Antes con mi llorar hacía espantados... (v. 516).
De cuantas digo, quien debría escucharme... (v. 597).
También resulta interesante resaltar la proscripción de la sinéresis en los lugares en que ésta coincide con uno de los acentos predominantes del verso, como se ve en estos ejemplos destacados por Balaguer de la misma Égloga segunda:
Que por alguna vía te avisase (v. 361).
De echar la pena mía por la boca (v. 381).
Que cada día cantaréis mi muerte (v. 531).
Anda a buscar el frío de esta hierba (v. 739).
Ay dulce fuente mía, y de cuan alto (v. 744).
No estoy como solía, que no puedo (v. 835).
No agena compañía, dulce y cara (v. 961).
Estaba con un brío desdeñoso (v. 1181).
Post scriptum:
El origen de esta entrada comienza en realidad con el estudio del empleo de la sinéresis en un poeta modesto pero notable, Nicolás Rodríguez Martín (Motril,1937), que de forma intuitiva utiliza este recurso en su poemario de coplas un payaso mil payasos (2016) con la misma soltura y libertad que lo hicieran Garcilaso y Góngora en sus poemas. Al principio, influido por la doctrina de algunos prosodistas, me chocó el uso abundante que Nicolás hacía de la sinéresis, especialmente en grupos vocálicos como «ía», pero la lectura de las Tablas poéticas de Cascales (1617) y el artículo citado de Balaguer (1948), amén de mi actitud previa, siempre empática y cómplice con el poeta, me han llevado a cambiar de opinión en cuanto a prejuzgar con cierta intolerancia o rigidez el empleo de esta licencia poética.
A modo de arrepentimiento o palinodia, publico aquí dos de sus coplas, en las que utiliza doble sinéresis:
279
La teología del espejo:
se mira, mira el payaso,
imagen y semejanza de algún diosecillo falso.
307
Geometría de lo imposible
en el sueño del payaso:
esa figura perfecta
de su círculo cuadrado.
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