Poesía después de Auschwitz
El efecto que provocó la Segunda Guerra Mundial y el horror nazi sobre la vida de Celan (una más entre las centenares de millones de vidas afectadas) fue devastador y transformó sus poemas en una materia densa y hermética en donde el monstruo de la guerra y el horror no se nombra directamente (demasiado terrible), aunque se hace palpable en cada poema. Es cierto que grandes autores, como Joan Margarit, no parecen haber tenido esto en cuenta y han juzgado sin más (un poco a la ligera, en mi modesta opinión) la obra de Paul Celan como ininteligible. Lo mismo le ocurrió a Nabokov con la lírica de Marina Tsvetáyeva (esta última devastada a la vez por nazis y estalinistas).
Marina Tsvetáyeva, Nelly Sachs, Ingeborg Bachmann, Paul Celan... fueron poetas del dolor y se mantuvieron en pie mientras les mantuvo vivos la esperanza. No tenemos derecho a olvidar que el dolor forma parte de la existencia humana, sobre todo cuando ha sido provocado por la injusticia y la locura de otros seres humanos. Es necesario escuchar atentamente la voz de las víctimas en la voz verdadera de estos poetas, muchas veces trágica y a veces esperanzada. Su estética, la estética del dolor, convirtió la moral humana (por ausencia o presencia) en el principal tema de sus versos.







