"Arte Poética" de J. L. Borges

La belleza nos inunda. Hay demasiada belleza en el mundo.
Después llegó la poesía.
Mas no se puede hablar de poesía sin haber mirado antes las estrellas, sin haber sentido antes placer, dolor y pasión.
Todos sabemos lo que es la poesía mientras no intentamos definirla.
La poesía es perplejidad. No plantea problemas nuevos ni soluciona los antiguos. No es expresión de la vida: es la vida misma o no es nada.
Luego vino el poeta.
El poeta es un personaje imaginario que camina enmascarado y toma de la filosofía un poco de su color. Alude, no nombra, no señala.
Y se puso a escribir palabras. Las palabras son la materia del poeta. En un principio las palabras eran mágicas. Pronunciarlas equivalía a crear la cosa pronunciada. La palabra luz estaba hecha de luz y la palabra noche, de sombra. Con las palabras el poeta hizo poemas. A veces cargados de poesía. La poesía del poema devuelve la magia a las palabras.
Cada palabra es una metáfora, pero hemos de olvidarlo para entender los enunciados. ¿Quién sabe de verdad lo que es una metáfora? Sólo existen unas cuantas metáforas reales y miles de variantes. Las objetos reales con los que construimos las metáforas (estrellas, flores, sonidos, colores..) son más persuasivos y convincentes que cualquier razonamiento.
La belleza de un poema se percibe antes que su significado. Existe el placer de las palabras, el ritmo de las palabras, la música de las palabras. El significado se lo otorga la imaginación, aunque su sentido sea confuso.
Importa que la poesía esté viva o esté muerta, no que el estilo sea sencillo o recargado ni el verso libre o rimado. La rima sirve de «freno de oro», pero el verso libre es más difícil porque es un modelo más sutil para el oído. Las formas poéticas clásicas son más fáciles.
En todo caso, lo que importa es la belleza del poema, que el poema sea intemporalmente bello. Lo que fue bello ayer que sea bello todavía. Hay eternidad en la belleza. Lo bello es gozo para siempre.
Por último, llegaron el lector, los libros, las bibliotecas.
Las bibliotecas son cementerios de difuntos (y hoy es 1 de noviembre) que resucitan y salen de la tumba cada vez que alguien abre los libros y lee. La poesía no está en el libro, sino en el contacto del libro con los ojos lectores, como el sabor de un beso requiere el contacto de los labios con otros labios u otra piel. La primera lectura, como el primer beso, es la verdadera. En cada relectura, en cada beso, repetimos la emoción de la primera vez. Cada vez que leemos, la primera experiencia, la primera emoción nos vuelve a suceder.
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(*) Estas reflexiones apresuradas (simples notas) están inspiradas en las seis conferencias sobre la poesía que impartió Jorge Luis Borges en la Universidad de Harvard a lo largo del curso 1967-1968, publicadas en 2012.






