LA SEGUNDA ASAMBLEA DE LOS RATONES
Del primero al último, todos y cada uno de los roedores se levantaron sobre sus patas traseras y unieron sus manos en señal de abstención, al tiempo que solicitaban que su voto se sumara a la opción vencedora, con la hipócrita seguridad de conocer de antemano el resultado fallido de la propuesta, porque en el fondo nadie quería desprenderse de un gramo de queso, que era la moneda oficial de la comunidad.
En consecuencia, tras el recuento de votos, ganó por unanimidad la abstención y el cascabel, oxidado y roto, se descompuso y deshizo lentamente durante generaciones hasta convertirse en polvo y olvido.






