"More" (1998)

More me trae a la memoria otros audiovisuales muy conocidos: Tiempos modernos (1936), Un mundo feliz (1980) y 1984 (1984).
Desde el punto de vista temático, More comparte con Tiempos modernos la deshumanización que provoca el trabajo en cadena y con Un mundo feliz y 1984 la manipulación de los ciudadanos por diferentes procedimientos, ya sea a través de avances genéticos o por medio de la propaganda ideológica y los aparatos de información/comunicación del poder. A estas alienaciones/manipulaciones (deshumanización + maquinización), More añade la alienación/manipulación consumista, es decir, la compra de la felicidad mediante la adquisición obsesiva de objetos que la proporcionan de forma semejante a como la suministra el «soma» en la obra de Huxley, llevada también al cine.
En efecto, en More no basta ya con estar «happy» (contento), que es el nombre del producto que fabrica el protagonista, simple obrero, otro eslabón más de la cadena de montaje; hace falta «more», es decir, más (justamente el título de la película).
En las sociedades de consumo siempre es necesario más y más rápido para mantenerse felices. Por eso nuestro héroe insatisfecho, cuando termina la jornada laboral, extrae ese bienestar de sí mismo (de su niñez, a juzgar por ese recurrente plano inserto de un carrusel infantil) y lo añade como un ingrediente esencial al objeto que logra inventar tras varios intentos infructuosos y al que llama «bliss», felicidad. Se trata de unas gafas virtuales que colorean bellamente la gris y tétrica realidad y que ofrecen más prestaciones y van más allá que «happy», la versión anterior, desfasada y caduca a la que remplaza.
Sin embargo, al fin y al cabo, «bliss», esta «nueva realidad virtual», resulta también insuficiente porque no desencadena una felicidad natural ni permanente. Los utensilios, las máquinas que nos proporciona la técnica adolecen de artificialidad y obsolescencia. El ser humano, cuando toma conciencia del autoengaño, se decepciona y deprime.
Además, para mayor desgracia, nuestro protagonista —ahora inventor y benefactor encumbrado– ha perdido o agotado, al parecer, la fuente de su felicidad: los recuerdos infantiles...
En fin, lo que tienen esencialmente en común More, Tiempos modernos, 1984 y Un mundo feliz consiste en que los cuatro filmes muestran a sus personajes protagonistas en conflicto con las sociedades modernas de control del siglo XX, las cuales no han hecho otra cosa que perfeccionar sus instrumentos de alienación durante el siglo XXI.
En última instancia, en el peor de los casos, es decir si se estuviese cumpliendo ya esta profecía distópica de forma absoluta e imparable, algunos conservamos todavía la esperanza de que podamos resistir éticamente las presiones a que nos someten estas nuevas y sofisticadas sociedades orwellianas y embaucadoras del siglo XXI —como ya he escrito otras veces—, negándonos a participar en el juego.







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