Escritores, blogueros y recepción del texto
Aunque simpatizo con la idea del escritor (o el bloguero) «sin público» (al que se refiere el crítico Damián Tabarovsky en Literatura de izquierda) y del «lector casual» en el contexto de mi propia «teoría de la recepción» (que distingue entre lector «intencional» y «casual»), reconozco la valentía (por no decir la imprudencia) que supone para el pudoroso y el tímido expresar la propia opinión y, en consecuencia, exponerse (mostrarse/desnudarse) por escrito frente a un lector o lectores desconocidos (quien lo probó lo sabe, que diría Lope).
No sería justo pero sí posible comparar frívolamente al autor/escritor/bloguero en general con un/una stripper en una sala oscura llena de gente, los focos iluminando la carne desnuda e indefensa. ¡Qué menos que gratificar la actuación del artista con un fuerte aplauso, al margen de una ejecución más o menos brillante!
Pero en realidad, no, no se trata de esto. En el caso del autor/escritor/bloguero de cualquier género o subgénero se trata más bien de una exhibición paradójica. El autor se asemeja a un actor que cambia de máscara (en latín, «persona») para «per-sonar» es decir «sonar a través de» ese personaje/narrador o personaje sin más al que inventa e interpreta. En el caso específico del escritor que opina, cuanto más somete lo pensado y lo sentido a la sintaxis y a la retórica (que constituyen las artes/ciencias/técnicas auxiliares de esta clase de escritor) mejor se expresa y con mayor convicción persuade.







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