Si lo piensas, ocurren grandes cosas en tu vida. Eres afortunado. Comes a diario, descansas bajo techo, andas libre por ahí, vestido y con zapatos, y vives en paz. Aspiras sólo a vivir como Machado: "A mi trabajo acudo, con mi dinero pago / el traje que me cubre y la mansión que habito, / el pan que me alimenta y el lecho en donde yago".
Para colmo, saliste en dulce compañía antes del amanecer, tan sólo a pasear, a disfrutar del lujo de la brisa nocturna y del búmeran menguante de la luna. Debes anotar cómo en la calle hay gente que marcha a trabajar en este sábado para pagar el alquiler a fin de mes, a duras penas. Después, caminasteis a la playa y entretanto asomó una claridad gris, no el sol, entre las nubes.
Llovió por fin sobre la arena y el agua de la lluvia se mezcló con la del mar. Acabasteis en un bar junto a la playa. Un café con lluvia más es otro menos. Arrugado sobre la mesa, el sobre del azucarillo sentenciaba: "Cuando hay tormenta, los pajarillos se esconden, pero las águilas vuelan sobre ella".
Un gorrión saltaba sobre las sillas vacías, pero no fue necesario convertirse en águila porque entonces dejó de llover.
Así, sencillamente, habéis regresado a casa, cogidos de la mano, caminando sobre el suelo espejeado y que olía a pan de tierra y lluvia.