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Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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Último libro

Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

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Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

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A propósito del Día del Libro

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De una publicación (ya sea epigráfica, digital o en papel) lo más importante es  su contenido, sin duda alguna. No hay táctica que no se subordine a la estrategia, como no hay forma que no apunte al fondo. La estética artística presupone una ética. A propósito del Día del Libro (que algún día será el Día de la Lectura), me atrevo a recomendar el disfrute de los cuatro trabajos que relaciono al final de esta entrada (aunque es obvio que existen bastantes más). Pertenecen al género del ensayo e intentan dilucidar  qué está pasando en el mundo en estos últimos años. - "Algo va mal" de Tony Judt (2010) - "Hay alternativas" de Vicenç Navarro López, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, prologado por Noam Chomsky (2011) - "La economía del bien común" de Christian Felber (2012) - "El informe Lugano II" de Susan George (2013).

un buen montón

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96 un buen montón de nohaceres que hacer las vacaciones

El pasillo encantado

 EL PASILLO ENCANTADO   La semana antes de Halloween, algunas abuelas y madres ya habían preparado ramos de crisantemos, gladiolos, claveles y rosas y cada cual tenía dispuesta una bolsa que contenía esponjas, un tarro de jabón líquido, dos paños de limpieza y una botella de agua. Se aproximaba el uno de noviembre, Día de Todos los Santos, y pervivía la tradición entre los mayores de visitar en el cementerio a los familiares fallecidos y adecentar sus últimas moradas. Otras familias, sin salir de casa aquel día, lustraban la madera, piedra o alabastro de las urnas en donde descansaban las cenizas de los seres queridos y besaban sus fotografías, ordenadas en una repisa del salón, mientras otros se aproximaban a la sierra o a la playa para hablar con el aire y las olas en donde habían sido inhumados los suyos y algunos otros, simplemente, disfrutaban del asueto y tranquilidad de un día no laborable. Pues bien, aquella última semana de octubre, previa a Halloween y al Día de To...

El paraguas

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A las seis de la mañana, los ruidos de la calle despertaron a C., que aguardó con los ojos abiertos a que sonara el avisador del reloj. Su esposa, por el contrario, se levantó en seguida. Al poco, escuchó el pitido agudo y alejado de la cafetera en la cocina y, acto seguido, el timbre desabrido del despertador. C. se incorporó del lecho y ultimó las rutinas del aseo, del café con tostadas y del atuendo de los martes. Encendió el televisor. Le pareció que las campanas de la iglesia le metían prisa para que no se demorase. La mujer se sentó frente al aparato. El hombre del tiempo señalaba en el mapa una nube gris colocada sobre la zona en que habitaban, de la que emergían gotas de lluvia y rayos intermitentes. Como todas las mañanas, C. se asomó a la ventana; el cielo estaba despejado y comenzaba a colorearse de un celeste primaveral, anuncio de un día espléndido. Encendió el teléfono inteligente y consultó la aplicación meteorológica: un icono animado corroboraba el hecho de que en e...

La mosca de los sueños

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La mosca de los sueños traza su caprichosa arquitectura de vuelos.  Diseña puertos, iglesias, esquinas, sombras, niños, luces, engendros, olas.  Lo mezcla todo en su alquimia,  yuxtapone de escamas su fragua.  Levanta muros,  a bre ventanas,  sostiene torres,  hunde fosos;  desentraña volúmenes orgánicos, angulosos y romos, mortales.  Un escultor vesánico y surrealista cincela heridas, mediodías, laberintos;  alquila nuestra buhardilla espiral;  quita el velo de piedra a la piedra;  llena de escombros las venas,  circunvoluciona el museo de estatuas,  nos lastra.  O quizá como un vendedor de globos, payaso, acuarela:  un deseo que nos agita las sábanas o como una pesadilla de arpías, de monstruos con humo, estratos de angustia, reptiles del paleoencéfalo; a veces el mar, landas, azul, algodón; y, de repente, flotar, volar,  nadar, caer en el cero...

Púrpura ausente

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Pregunto a las rosas ausentes por el púrpura ausente, y el rosal que no está no me responde con palabras que no pronuncia. Es la misma distancia pero otro el tiempo, otro el espacio con rosales silvestres, sin cortijos quebrados ni caminos deshechos, donde ahora verdea la maleza. Estoy en Sierra Lújar (si es que lo que fue sigue siendo) y aquí robé el secreto de la rosa, la sencilla verdad de su hermosura, la espina del amor y del poema. Vuelvo sin el amigo que me guio a su palacio oculto, hoy de muros ruinosos y sin puertas, con el pincho clavado de su ausencia. Vuelvo con la amada de entonces y de ahora, las manos enlazadas como rosas. Vine a buscar la carne de sus pétalos, la encarnada textura de su copa, la tersa juventud de su frescura. Estoy aquí pensando en otra cosa, sin estar de verdad, como mi rosa, sintiéndola sin verla y sin olerla, sabiendo que podré traerme solo la perfumada piel de su memoria.

Un gran acontecimiento

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Aquella tarde tuvo lugar el gran acontecimiento: subieron a casa  la primera televisión. Con ella, nuestro pequeño mundo se hizo, si no mejor, al menos más ancho. Se trataba nada menos que  de  un modesto Inter ("el televisor de ley", según los anuncios) de 19 pulgadas, a válvulas y en blanco y negro. Expectantes y ansiosos ( aspaícos , como se dice por estas tierras) rodeábamos al técnico y al electrodoméstico, como los sioux a las caravanas en las películas del oeste. Por fin, tras varios intentos interminables, la nieve blanquinegra, que zumbaba como una nube de mosquitos eléctricos, se fue marchando poco a poco de la oscura pantalla cubierta de elementos fosforescentes, igual que la  negrilla manchaba y luego   despejaba el cielo de Motril cuando quemaban la caña de azúcar. Aparecieron las primeras imágenes en movimiento. Estaban emitiendo el comienzo de "Superagente 86", una serie de la época, concretamente la escena en que se ab ren y cierran las pue...